jueves, 15 de octubre de 2009

Caminos laicales de perfección - 4. Regla de vida - P. José María Iraburu

Caminos laicales de perfección
P. José María Iraburu



4. Regla de vida



Hemos recordado antes cómo los religiosos, para mantener toda su vida orientada hacia Dios por el amor, se ayudan con una Regla de vida; en tanto que los laicos, por un cierto desorden hasta cierto punto inevitable de sus vidas, suelen verse desprovistos de este auxilio providencial. Pues bien, consideremos ahora en qué medida es aconsejable que los laicos se ayuden también con algún plan o regla de vida.


Es natural atenerse a una regla

Cuando un hombre pretende algo con verdadero interés —estudiar una carrera, aprender un idioma, ejercitarse en un deporte, sacar adelante un oficio o una profesión laboral, etc.—, en seguida sujeta su vida a regla en esa dirección: adquiere y ordena los medios que sean necesarios, organiza un horario, asegurando bien la protección diaria de ciertos tiempos, y se fija un calendario, de tal modo que su empeño cobre así estabilidad y constancia, y no se vea abandonado a las ganas personales, tan cambiantes, o a las circunstancias exteriores, más cambiantes todavía. De otro modo, es evidente, no saldrá adelante con su intento. Una persona, por ejemplo, que quiera aprender a tocar la guitarra, y en ratos sueltos, cuando no tiene otra cosa que hacer o cuando le viene en gana, se entretiene en rasguear sus cuerdas, nunca aprenderá a tocar decentemente ese instrumento. Para ello habría de dedicarse con más constancia y regularidad.

Pues bien, la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona y la eleva. Sin duda «es Dios quien da el crecimiento» espiritual (1 Cor 3, 7), por medio de la gracia divina. Pero la acción de la gracia no prescinde de los modos propios de ejercitarse la naturaleza humana, sino que, por el contrario, los suscita, los perfecciona y eleva. Hay gracias, ya lo sabemos, que Dios da al hombre en la vida mística al «modo divino», sin que éste colabore a ellas activamente, es decir, ejercitándose en ellas según sus modos naturales propios, con su pensamiento y voluntad. Pero en la fase ascética del camino de la perfección, que es en la que se halla la mayoría de los cristianos, el modo normal por el que Dios actúa en la persona es el «modo humano», en el que la gracia sobrenatural suscita la actividad del entendimiento (por la fe) y de la voluntad (por la caridad) en sus modos propios de ejercicio.

Según esto, no parece excesivo concluir que no pretenden seriamente la perfección evangélica aquellos cristianos que no se sujetan a una cierta disciplina, es decir, que no dan al intento de su voluntad la ayuda de un cierto plan o regla de vida.

Caminos laicales de perfección - 3. Consagraciones - P. José María Iraburu

Caminos laicales de perfección
P. José María Iraburu


3. Consagraciones


Noción general

La consagración hace sagrada una cosa o una persona, es decir, la dedica más inmediata y exclusivamente a Dios, vinculándola a Él de una manera especial. Según los casos, esta dedicación positiva puede implicar un apartamiento negativo, mayor o menor, del uso común profano de esa criatura -un cáliz, un templo, una persona-.

Eso nos hace ver la proximidad del término consagrar a:

-Sacrificar, hacer sagrado, «sacrum facere». Pero en el término sacrificio hay una connotación de destrucción e inmolación, realizada de uno u otro modo, que no está igualmente presente en la idea de consagración.

-Ofrecer algo viene a equivaler a consagrarlo especialmente a Dios, a la Virgen: «yo me ofrezco del todo a ti.... y te consagro en este día mis ojos, mis oídos», etc.

-Dedicar es muy semejante a consagrar. Por ejemplo, la consagración de un templo o de un altar se encuentra en el Ritual litúrgico de la dedicación de iglesias y altares. Y la dedicación total de una mujer soltera al Señor se contiene actualmente en el Ritual de consagración de vírgenes. Para San Cipriano (+258), por ejemplo, vírgenes son las cristianas solteras dedicadas (dicatæ), es decir, consagradas, a Cristo.

Según esto, en el orden de las personas, es claro que la consagración significa una especial ofrenda, oblación, entrega, donación y dedicación a Dios. De estas consagraciones personales, y en el ámbito sobre todo de la vida cristiana laical, trataré en lo que sigue.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Caminos laicales de perfección - 2. La santificación de los laicos en el mundo - P. José María Iraburu

Caminos laicales de perfección
P. José María Iraburu



2. La santificación de los laicos en el mundo



Permaneciendo en el mundo, la vida entera de los laicos ha de ir haciéndose santificante para ellos. Y concretamente estas dimensiones, que son las coordenadas más peculiares de la vida laical: el matrimonio y la familia, el trabajo y la renovación del mundo secular.


Matrimonio y trabajo

«Creó Dios al hombre a imagen suya, y los creó varón y mujer; y los bendijo Dios, diciéndoles: "procread y multiplicaos y henchid la tierra [familia]; sometedla y dominad [trabajo] sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, y sobre los ganados y todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra"» (Gén 1, 27-28). Este designio grandioso del Creador del universo va a cumplirse plenamente en Cristo, en la Iglesia, en los laicos cristianos.

En efecto, la familia, el trabajo y todo el orden secular se vieron degradados por el pecado, y quedaron sumidos en la sordidez de la maldad y del egoísmo (Vat. II, GS 37). Pero Cristo sanó todas esas realidades temporales, haciendo de ellas el marco de una vida admirable, santa y santificante, destinada a crecer hasta la perfección evangélica (38).

«Los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, están fortalecidos y como consagrados por un sacramento especial, con cuya fuerza, al cumplir su misión conyugal y familiar, animados del espíritu de Cristo, que penetra toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación, y, por tanto, conjuntamente, a la glorificación de Dios» (GS 48b). El matrimonio y la familia son, por tanto, en este sentido, un estado de perfección.

Caminos laicales de perfección - 1. Vocación universal a la santidad - P. José María Iraburu

Caminos laicales de perfección
P. José María Iraburu


1. Vocación universal a la santidad
 


Verdad fundamental de la fe

Cuando Jesús exhorta a todos sus discípulos: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48), prolonga la norma antigua: «Sed santos para mí, porque yo, el Señor, soy santo» (Lev 20, 26). Pero Cristo da ahora a ese imperativo un nuevo acento filial. En efecto, el Padre celestial nos «ha predestinado a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que éste [como nuevo Adán, cabeza de una nueva humanidad] venga a ser primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8, 29). Así pues, «ésta es la voluntad de Dios, que seáis santos» (1 Tes 4, 3).

No quiere nuestro Padre divino tener unos hijos que inicien su desarrollo en la vida de la gracia, para quedarse después fijos en la mediocridad de una vida espiritual incipiente, limitada, crónicamente infantil. Por el contrario, Él quiere que todos, bajo la acción de su Espíritu Santo, vayamos creciendo «como varones perfectos, a la medida de la plenitud de Cristo, para que ya no seamos como niños» (Ef 4, 13-14). Con ese fin Cristo se hizo hombre, murió por nosotros, resucitó, ascendió a los cielos y nos comunicó el Espíritu Santo, para que tuviésemos «vida, vida sobreabundante» (Jn 10, 10). Y no para que languideciéramos indefinidamente en una vida espiritual débil, sin apenas crecimientos notables. Así pues, «purifiquémonos de toda mancha de nuestra carne y nuestro espíritu, realizando el ideal de la santidad en el respeto de Dios» (2 Cor 7, 1).

«Éste es el más grande y primer mandamiento» (Mt 22, 38): «amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente» (Lc 10, 27; Dt 6, 5). Ahora bien, si ése es el mandato fundamental que recibe todo cristiano, y la santidad consiste precisamente en la plenitud del amor a Dios, es bien evidente que todos los cristianos están llamados a ser santos, lo mismo los laicos, que los sacerdotes y religiosos (Vat.II, LG cap. V).

Caminos laicales de perfección - Índice e Introducción - P. José María Iraburu

Caminos laicales de perfección
P. José María Iraburu


Comenzamos, con esta primer entrega, a reproducir el libro del P. José María Iraburu "Caminos laicales de Perfección". En un tiempo de crisis y confusión viene muy bien meditar en estos caminos. Ojalá sean de provecho y nos ayuden a alcanzar la perfección cristiana: la santidad.
Para acceder al contenido de cada capítulo, haga click sobre el título.


Índice


   Introducción

   1. Vocación universal a la santidad
Verdad fundamental de la fe -La santidad, fin único -No pretender dos fines -¿Verdad sabida?

   2. La santificación de los laicos en el mundo
Matrimonio y trabajo -La renovación del orden temporal -buscar la santidad en el mundo - Libres del mundo - Las tentaciones de la vida en el mundo - El bien dificultado y el mal facilitado - La armadura de Dios - Caminar rectamente por caminos torcidos: - 1-. con actos intensos, - 2-. con la cruz a cuestas, - Rectificar los caminos torcidos, - Por sus frutos los conoceréis, - Laicos y religiosos, - Ejemplaridad de los religiosos - Renuncia final de los laicos al mundo - La santidad perfecta de una ofrenda permanente - ¿Y es éste un camino suficiente para la perfección?

   3. Consagraciones
Noción general - Consagración bautismal - Consagraciones litúrgicas - Consagraciones privadas - Historia, - Consagración al Corazón de Jesús - Consagración al Corazón Inmaculado de María, - Consagraciones, reglas de vida y votos

   4. Regla de vida
Es natural atenerse a una regla - Andando sin camino - Conviene andar por un camino - La alergia luterana a la ley - La alergia liberal a la ley - El amor católico a la ley - Los religiosos buscan la perfección sujetándose a una Regla - La regla de vida en los laicos - Por la regla de vida se establece una alianza con Dios - La victoria sobre los tres enemigos - Planes y reglas de vida personales o comunitarios - Fidelidad y flexibilidad - Fidelidad a la norma y santo abandono - Modificación de las normas - Andar sin camino

   5. Votos
Diversos compromisos personales - El voto en la Iglesia - Materia del voto - Obligación - Una alianza sagrada - Los tres valores fundamentales del voto - El voto inaugura una fuente que manará continuamente - Los actos buenos que han de hacerse uno a uno - Algunas observaciones complementarias - Modificaciones del voto - Errores - Valoración actual de los votos - Los santos ante las Reglas y votos privados - Conveniencia ayer y hoy de reglas de vida y votos laicales

   6. Oración, ayuno y limosna
Materia de reglas y votos - Pobreza, obediencia y castidad - Oración, ayuno y limosna - Tradición patrística y pastoral - Tres claves decisivas para el crecimiento espiritual - Algunos ejemplos para obligarse con Dios - Armas poderosas para tiempos de grandes batallas

   7. Dirección espiritual
Es cuestión de humildad - La dirección espiritual - Magisterio apostólico - Valor grande del ministerio de dirección - Cualidades del director: - 1. Ciencia - 2. Experiencia - 3. Oración - 4. Discernimiento adquirido y carismático - 5. Comunicar la propia vida - 6. Guardar la libertad del cristiano en la docilidad al Espíritu Santo - Actitudes principales del dirigido: - 1. Voluntad firme de santidad - 2. Espíritu de fe para ver a Cristo en el director - 3. Sinceridad - 4. Obediencia - Una cosa es el acompañamiento espiritual - Otra cosa es la dirección espiritual - . Entre acompañamiento y dirección - . Dirección espiritual de laicos - En espíritu de obediencia - Voto de obediencia al director - La fuerza acrecentadora de la autoridad y de la obediencia - Todo es gracia

   Final
Laicos con muchas ayudas - Laicos con pocas ayudas - Muchas ayudas posibles - Algunos ejemplos - ¿Fundadores? - Conviene hoy todo esto - Cristianos que sobreviven - «Estáse ardiendo el mundo...», - El que pueda entender, que entienda

   Obras citadas

* * *


Introducción


Todos los cristianos están llamados a la perfección evangélica, es decir, a la santidad. Y todos están llamados a santificarse por una conformidad amorosa con la voluntad de Dios, afirmada día a día mediante la fidelidad y el abandono. En efecto, en la fidelidad incondicional a lo que Dios quiere -voluntad divina claramente significada por la fe y los mandamientos- y en el abandono confiado a lo que Dios quiera -voluntad divina manifestada en las circunstancias cambiantes de la vida-, el cristiano halla, por las pequeñas cosas de cada día, su camino fundamental hacia la santidad. Y esta vía principal de perfección es común a sacerdotes, religiosos y laicos.

¿Pero en esa fidelidad y abandono a las cosas pequeñas o grandes de la vida ordinaria puede hallarse estrictamente un camino?... Ésta es una cuestión más bien verbal. Pero un «camino» implica unos medios predeterminados, bien conocidos y previsibles, en orden a un fin. Por eso, en este sentido más estricto de la palabra, solamente suele hablarse de camino de perfección cuando el cristiano -precisamente para santificarse de verdad a través de las cosas de cada día-, asume voluntariamente, y de modo habitual, un conjunto de medios intensos y explícitos de santificación. Así lo hacen los religiosos, y por eso reconoce la Iglesia su vida como un estado de perfección.

En este sentido, desde el principio de nuestro estudio tendré siempre en cuenta el paralelismo fundamental que existe entre los religiosos y los laicos: unos y otros son humanos, unos y otros son cristianos necesitados de ayudas análogas, y todos ellos han de tender, bajo la moción de la gracia, hacia la perfecta santidad.


domingo, 4 de octubre de 2009

Testamento - San Francisco de Asís

Testamento
San Francisco de Asís


En el día de san Francisco de Asís, reproducimos su "Testamento" espiritual.


El Señor me dio de esta manera a mí, hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia: porque, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos. Y al apartarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo; y después me detuve un poco, y salí del siglo.

Y el Señor me dio una tal fe en las iglesias, que así sencillamente oraba y decía: Te adoramos, Señor Jesucristo, también en todas tus iglesias que hay en el mundo entero, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Después, el Señor me dio y me da tanta fe en los sacerdotes que viven según la forma de la santa Iglesia Romana, por el orden de los mismos, que, si me persiguieran, quiero recurrir a ellos. Y si tuviera tanta sabiduría cuanta Salomón tuvo, y hallara a los pobrecillos sacerdotes de este siglo en las parroquias en que moran, no quiero predicar más allá de su voluntad.

Y a éstos y a todos los otros quiero temer, amar y honrar como a mis señores. Y no quiero en ellos considerar pecado, porque discierno en ellos al Hijo de Dios, y son señores míos. Y lo hago por esto, porque nada veo corporalmente en este siglo del mismo altísimo Hijo de Dios, sino su santísimo cuerpo y su santísima sangre, que ellos reciben y ellos solos administran a los otros. Y quiero que estos santísimos misterios sean sobre todas las cosas honrados, venerados y colocados en lugares preciosos. Los santísimos nombres y sus palabras escritas, dondequiera que los encuentre en lugares indebidos, quiero recogerlos y ruego que se recojan y se coloquen en lugar honroso. Y a todos los teólogos y a los que nos administran las santísimas palabras divinas, debemos honrar y venerar como a quienes nos administran espíritu y vida.

Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me enseñaba qué debería hacer, sino que el Altísimo mismo me reveló que debería vivir según la forma del santo Evangelio. Y yo hice que se escribiera en pocas palabras y sencillamente, y el señor Papa me lo confirmó. Y aquellos que venían a tomar esta vida, daban a los pobres todo lo que podían tener; y estaban contentos con una túnica, forrada por dentro y por fuera, el cordón y los paños menores. Y no queríamos tener más. Los clérigos decíamos el oficio como los otros clérigos; los laicos decían los Padrenuestros; y muy gustosamente permanecíamos en las iglesias. Y éramos iletrados y súbditos de todos.

Y yo trabajaba con mis manos, y quiero trabajar; y quiero firmemente que todos los otros hermanos trabajen en trabajo que conviene al decoro. Los que no saben, que aprendan, no por la codicia de recibir el precio del trabajo, sino por el ejemplo y para rechazar la ociosidad. Y cuando no se nos dé el precio del trabajo, recurramos a la mesa del Señor, pidiendo limosna de puerta en puerta. El Señor me reveló que dijésemos el saludo: El Señor te dé la paz.

Guárdense los hermanos de recibir en absoluto iglesias, moradas pobrecillas y todo lo que para ellos se construya, si no fueran como conviene a la santa pobreza que hemos prometido en la Regla, hospedándose allí siempre como forasteros y peregrinos. Mando firmemente por obediencia a todos los hermanos que, dondequiera que estén, no se atrevan a pedir documento alguno en la Curia romana, ni por sí mismos ni por interpuesta persona, ni para la iglesia ni para otro lugar, ni con miras a la predicación, ni por persecución de sus cuerpos; sino que, cuando en algún lugar no sean recibidos, huyan a otra tierra para hacer penitencia con la bendición de Dios.

Y firmemente quiero obedecer al ministro general de esta fraternidad y al guardián que le plazca darme. Y del tal modo quiero estar cautivo en sus manos, que no pueda ir o hacer más allá de la obediencia y de su voluntad, porque es mi señor. Y aunque sea simple y esté enfermo, quiero, sin embargo, tener siempre un clérigo que me rece el oficio como se contiene en la Regla. Y todos los otros hermanos estén obligados a obedecer de este modo a sus guardianes y a rezar el oficio según la Regla. Y los que fuesen hallados que no rezaran el oficio según la Regla y quisieran variarlo de otro modo, o que no fuesen católicos, todos los hermanos, dondequiera que estén, por obediencia están obligados, dondequiera que hallaren a alguno de éstos, a presentarlo al custodio más cercano del lugar donde lo hallaren. Y el custodio esté firmemente obligado por obediencia a custodiarlo fuertemente día y noche como a hombre en prisión, de tal manera que no pueda ser arrebatado de sus manos, hasta que personalmente lo ponga en manos de su ministro. Y el ministro esté firmemente obligado por obediencia a enviarlo con algunos hermanos que día y noche lo custodien como a hombre en prisión, hasta que lo presenten ante el señor de Ostia, que es señor, protector y corrector de toda la fraternidad.

Y no digan los hermanos: "Esta es otra Regla"; porque ésta es una recordación, amonestación, exhortación y mi testamento que yo, hermano Francisco, pequeñuelo, os hago a vosotros, mis hermanos benditos, por esto, para que guardemos más católicamente la Regla que hemos prometido al Señor.

Y el ministro general y todos los otros ministros y custodios estén obligados por obediencia a no añadir ni quitar en estas palabras. Y tengan siempre este escrito consigo junto a la Regla. Y en todos los capítulos que hacen, cuando leen la Regla, lean también estas palabras. Y a todos mis hermanos, clérigos y laicos, mando firmemente por obediencia que no introduzcan glosas en la Regla ni en estas palabras diciendo: "Así han de entenderse". Sino que así como el Señor me dio el decir y escribir sencilla y puramente la Regla y estas palabras, así sencillamente y sin glosa las entendáis y con santas obras las guardéis hasta el fin.

Y todo el que guarde estas cosas, en el cielo sea colmado de la bendición del altísimo Padre y en la tierra sea colmado de la bendición de su amado Hijo con el santísimo Espíritu Paráclito y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos. Y yo, hermano Francisco, pequeñuelo, vuestro siervo, os confirmo, todo cuanto puedo, por dentro y por fuera, esta santísima bendición.



viernes, 2 de octubre de 2009

La orientación de la Liturgia según la ley vigente - Gero Weishaupt

La orientación de la Liturgia según la ley vigente
Padre Gero Weishaupt


El Padre Gero P. Weishaupt, latinista y canonista, perito del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos, escribió algunas consideraciones acerca de la dirección de la celebración de la Santa Misa. El blog The New Liturgical Movement presenta el texto en inglés, del cual ofrecemos la siguiente traducción.


***

La celebración “versus Deum” no es – junto con la Comunión en la boca y la lengua latina del culto – el sujeto de la “reforma de la reforma” de la liturgia deseada por el Papa Benedicto XVI, sino la implementación de la ley pertinente. Lo que está en juego es la corrección de un desarrollo equivocado después del Concilio Vaticano II.


Concilio Vaticano II

Es bien sabido que el Concilio Vaticano II no realizó ningún pronunciamiento acerca de la dirección de la celebración. Tampoco la constitución sobre la Liturgia Sacrosanctum Concilium prescribe nada sobre la construcción de nuevos altares. El primer documento no conciliar que dice algo al respecto es la instrucción Inter Oecumenici del 26 de septiembre de 1964 que, con sus normas, afirma ser una ejecución concreta de la constitución sobre la Liturgia. Conviene en primer lugar tomar el texto de la instrucción en latín, y luego una traducción:
“Præstat ut altare maius extruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit..." (Sacra Congregatio Rituum [1964] 898, Nr. 91).

“Conviene que el altar mayor se construya separado de la pared, en orden a que se pueda girar fácilmente en torno a él y celebrar de cara al pueblo”.

La parte principal del texto es la separación del altar de la pared trasera (a pariete seiunctum).

Dos cosas llaman la atención en esta oración:

1. Solamente se hace una recomendación con respecto a la separación del altar de la pared trasera (præstat = conviene, es deseable).

2. Sólo se menciona una posibilidad de la celebración versus populum como el propósito de separar el altar de la pared trasera (ut ... possit = en orden a que ... uno pueda). En este caso, el ut es interpretado como un “ut” final (en orden a). Sin embargo, gramaticalmente es también posible una interpretación consecutiva: ut = de modo que. En este caso, tendría que traducirse como sigue:

“Conviene que el altar mayor se construya separado de la pared, de modo que se pueda girar fácilmente en torno a él y celebrar de cara al pueblo”.

Si se toma el ut como consecutivo, el [poder] caminar alrededor y [la forma de la] celebración serían una consecuencia de la separación del altar. Con este cambio en la lógica causal de la afirmación, la referencia a la celebración (versus populum) sería más debilitada. Lo que le interesa al legislador es la posibilidad de separar el altar de la pared, no la celebración versus populum. Esto último tiene menor importancia.

Cualquiera sea el caso, la instrucción de 1964 habla solamente de la posibilidad de la celebración hacia el pueblo. Por otra parte, no es de ninguna manera una prescripción. En otras palabras, la celebración versus populum es permitida por la Inter Oecumenici, pero no prescripta.


El Misal de Pablo VI (el llamado “uso ordinario del Rito Romano”)

Es consecuente con esto, por tanto, que las rúbricas del Missale Romanum del Papa Pablo VI (“Novus Ordo”) no asuman la celebración versus populum, sino la celebración versus orientem (a la que se hace referencia en forma inadecuada y teológicamente incorrecta como “la celebración de espaldas al pueblo”) cuando dicen que el sacerdote en el Orate, Fratres, en el Pax Domini, el Ecce Agnus Dei y el ritus conclusionis se vuelve hacia el pueblo. Esta indicación sería superflua si las rúbricas del Novus Ordo previesen la celebración versus populum. También el Misal post-conciliar de Pablo VI asume que el sacerdote celebra la Misa vuelto hacia el altar, y no hacia el pueblo. La tercera Editio Typica del Missale Romanum revisado conserva estas rúbricas (Missale Romanum [2002], Ordo Missæ, 515, No. 28, 600, No. 127, 601, No. 132 f., 603, No. 141).


La Institutio Generalis del año 2000

Finalmente, en este contexto, es pertinente la Institutio Generalis de la tercera Editio typica del Missale Romanum publicada para el estudio en el 2000. En el número 299 dice lo siguiente:

Altare extruatur a pariete seiunctum, ut facile cirumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit, quod expedit ubicumque possibile est.

“Constrúyase el altar separado de la pared, en orden a que” (o “de modo que”) “se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda realizar de cara al pueblo, lo cual conviene que sea posible en todas partes”

En contraste con la instrucción Inter Oecumenici de 1964, la Institutio Generalis del 2000 añade y explica que la construcción del altar separado de la pared es útil y beneficiosa (expedit). El beneficio se refiere a la posición del altar, no a la dirección de la celebración. De ésta sólo se dice que es posible si se separa el altar de la pared (peragi possit). Aquí tampoco, entonces, se expresa ningún requerimiento de la celebración de cara al pueblo.

Esto significa que no hay ninguna obligación de celebrar versus populum. Esto queda también claro de una respuesta de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del 25 de septiembre del 2000: “En primer lugar, debe tenerse en mente que la palabra expedit no constituye una obligación, sino una sugerencia que se refiere a la construcción del altar a pariete sejunctum [no adosado a la pared] y a la celebración versus populum”. La Congregación también explica: “La cláusula ubi possibile sit [donde sea posible] se refiere a diferentes elementos como, por ejemplo, la topografía del lugar, la disponibilidad de espacio, el valor artístico del altar existente, la sensibilidad de las personas que participan en las celebraciones en una iglesia particular, etc.”. La Institutio Generalis del 2000 considera la celebración versus populum como una posibilidad, sin excluir la celebración versus orientem.


Conclusión

Legalmente, por tanto, la celebración versus orientem es la forma normal de la celebración. Por razones de espacio o arquitectónicas, es posible disponer el altar separado de la pared, lo que hace posible la celebración hacia el pueblo, pero debe subrayarse que en tal altar, la celebración versus populum no es obligada, sino que se mantiene como una posibilidad.



jueves, 1 de octubre de 2009

Como San Wenceslao anteponer la santidad al bien terreno, alienta el Papa

Como San Wenceslao anteponer la santidad al bien terreno, alienta el Papa


PRAGA, 28 Sep. 09 (ACI).- Al celebrar hoy la Eucaristía por la fiesta de San Wenceslao en la Iglesia dedicada a él, festividad de toda la República Checa, el Papa Benedicto XVI recordó que, como este mártir del siglo X, es necesario anteponer el anhelo de santidad a la búsqueda del bien terreno.

En la explanada de Melnik y tras la adoración del Santísimo y de la veneración de las reliquias del Santo, el Santo Padre celebró la Misa. En su homilía aseguró que Wenceslao era "un modelo de santidad para todos, especialmente para los que guían las suertes de las comunidades y de los pueblos. Pero nos preguntamos, en nuestros días, ¿la santidad sigue siendo actual? ¿No interesan más el éxito y la gloria terrena? ¿Y cuánto duran y cuanto valen ambos?".

"El siglo pasado –y vuestra tierra es testigo– ha visto caer no pocos potentes, que parecían haber llegado a alturas casi inalcanzables. De improviso se han encontrado privados de su poder. Los que niegan y siguen negando a Dios y, en consecuencia, no respetan al ser humano, parecen tener una vida fácil y lograr el éxito material. Pero basta rascar la superficie para constatar que en esas personas hay tristeza e insatisfacción", continuó.

Benedicto XVI explicó que "solo los que conservan en el corazón el santo 'temor de Dios' confían también en el ser humano y dedican su existencia a la construcción de un mundo más justo y fraternal. Hoy hacen falta personas que sean 'creyentes' y 'creíbles', dispuestas a difundir en todos los ámbitos de la sociedad los principios e ideales cristianos en que se inspira su acción. Esa es la santidad, vocación universal de todos los bautizados, que lleva a cumplir el propio deber con fidelidad y valor, mirando no al propio interés egoísta, sino al bien común y buscando siempre la voluntad divina".

Citando el Evangelio de hoy, en el que Cristo pronuncia las palabras: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?", el Santo Padre subrayó que el valor auténtico de la existencia humana "no se mide solo con bienes terrenos e intereses pasajeros porque no son las realidades materiales las que apagan la sed profunda de sentido y de felicidad encerrada en el corazón de cada persona. Por eso, Cristo no vacila en proponer a sus discípulos el camino estrecho de la santidad".

Un camino que es posible seguir, como hicieron los santos, que con su ejemplo "alientan a quien se llama cristiano a ser creíble, es decir, coherente con los principios y la fe que profesa. No basta parecer buenos y honrados, es necesario serlo realmente".

Finalmente, el Papa afirmó que "esta es la lección de vida de San Wenceslao, que tuvo el valor de anteponer el reino de los cielos a la fascinación del poder terreno".



miércoles, 30 de septiembre de 2009

Benedicto XVI es uno de los Papas más brillantes de la historia - Joaquín Navarro Valls

Benedicto XVI es uno de los Papas más brillantes de la historia
Joaquín Navarro Valls


MADRID, 25 Sep. 09 (ACI).- Joaquín Navarro-Valls, quien durante 22 años fue vocero oficial del Vaticano, señaló en una entrevista que la Iglesia cuenta en la actualidad con uno de los Papas más brillantes de la historia y consideró que una de los elementos más originales de Benedicto XVI es su confianza en la racionalidad de las personas.

Navarro-Valls que trabajó por casi dos años con Benedicto XVI, fue entrevistado por el diario español El Mundo sobre su labor en el Vaticano y algunos aspectos de los dos Papas a los que acompañó.

Sobre Benedicto XVI dijo que "es el Papa de toda la historia de la Iglesia con la más brillante y numerosa bibliografía personal. Su riqueza conceptual es fascinante. Y pienso que la gente también fuera del ámbito católico es consciente de ello".

El ex vocero no cree que el Santo Padre sea una persona fría. "Yo diría lo contrario. Su forma de conmoverse más frecuente de lo que se cree no es reaccionar pasionalmente frente a las cosas", indicó.

Además, consideró que los elementos más originales de su Pontificado son "su confianza en la racionalidad de las personas, en su capacidad de buscar la verdad" y el gran obstáculo que enfrenta "lo anunció él mismo pocos días antes de ser elegido Pontífice: la dictadura del relativismo".

De su trabajo con el Papa Juan Pablo II, conserva unas 600 páginas de apuntes. "Hace un año y medio un agente estadounidense me ofreció un millón y medio de dólares por escribir ese libro. El problema en parte es que he aceptado en estos años una serie de compromisos profesionales que me absorben. Tendría que dejar todo eso y pasarme un año y medio encerrado en mi habitación para escribir ese libro. Para mí sería un imperativo moral hacerlo, porque Juan Pablo II era muy querido pero no del todo conocido", agregó.

Según Navarro-Valls "no se conoce suficientemente a la persona, su carácter (de Juan Pablo II). Por ejemplo, tenía un grandísimo sentido del humor. Incluso cuando había que tratar problemas dramáticos no perdía su visión positiva".

Sobre el proceso de beatificación de Juan Pablo II, explicó que "desde el punto de vista estrictamente técnico, podría estar todo listo antes de que acabe el año. Los dos pasos que quedan, técnicamente hablando, son el decreto de virtudes y la declaración del milagro, del que se le atribuyen varios, uno especialmente claro. A partir de ahí, todo depende del Santo Padre".



lunes, 28 de septiembre de 2009

Constancia y tenacidad. Querer de verdad - Alfonso Aguiló

Constancia y tenacidad. Querer de verdad


Demóstenes perdió a su padre cuando tenía tan sólo siete años. Sus tutores administraron deslealmente su herencia, y el chico, siendo apenas un adolescente, tuvo ya que litigar para reivindicar su patrimonio.

En uno de los juicios a los que tuvo que asistir, quedó impresionado por la elocuencia del abogado defensor. Fue entonces cuando decidió dedicarse a la oratoria.

Soñaba con ser un gran orador, pero la tarea no era fácil. Tenía escasísimas aptitudes, pues padecía dislexia, se sentía incapaz de hacer nada de modo improvisado, era tartamudo y tenía poca voz. Su primer discurso fue un completo fracaso: la risa de los asistentes le obligó a interrumpirlo sin poder llegar al final.

Cuando, abatido, vagaba por las calles de la ciudad, un anciano le infundió ánimos y le alentó a seguir ejercitándose. "La paciencia te traerá el éxito", le aseguró.

Se aplicó con más tenacidad aún a conseguir su propósito. Era blanco de mofas continuas por parte de sus contrarios, pero él no se arredró. Para remediar sus defectos en el habla, se ponía una piedrecilla debajo de la lengua y marchaba hasta la orilla del mar y gritaba con todas sus fuerzas, hasta que su voz se hacía oír clara y fuerte por encima del rumor de las olas. Recitaba casi a gritos discursos y poesías para fortalecer su voz, y cuando tenía que participar en una discusión, repasaba una y otra vez los argumentos de ambas partes, sopesando el valor de cada uno de ellos.

A los pocos años, aquel pobre niño huérfano y tartamudo había profundizado de tal manera en los secretos de la elocuencia que llegó a ser el más brillante de los oradores griegos, pionero de una oratoria formidable que rompía con los estrechos moldes de las reglas retóricas de sus tiempos, y que todavía hoy, 2.300 años después, constituye un modelo en su género.

Demóstenes es un ejemplo de entre la multitud de hombres y mujeres que a lo largo de la historia han sabido mostrar cuánto es capaz de hacer una voluntad decidida.

— Está claro que el mundo avanza a remolque de la gente que es perseverante en su empeño.

A veces las personas decimos que queremos, pero en realidad no queremos, porque no llegamos a proponérnoslo seriamente.

Si acaso, lo "intentamos", pero hay mucha diferencia entre un genérico "quisiera" y un decidido "quiero".

— Sin embargo, a veces los chicos dicen que es imposible hacer nada con tantos condicionamientos que tienen.

Beethoven, por ejemplo, estaba casi completamente sordo cuando compuso su obra más excelsa. Dante escribió La Divina Comedia en el destierro, luchando contra la miseria, y empleó para ello treinta años. Mozart compuso su Requiem en el lecho de muerte, afligido de terribles dolores.

Tampoco Cristóbal Colón habría descubierto América si se hubiera desalentado después de sus primeras tentativas. Todo el mundo se reía de él cuando iba de un sitio a otro pidiendo ayuda económica para su viaje. Le tenían por aventurero, por visionario, pero él se afirmó resueltamente en su propósito.

— Pero no todo el mundo es como esos genios que han pasado a la historia...

De acuerdo, pero hay que poner alta la meta.

— Bien, pero tampoco van a vivir como obsesionados por alcanzar esa meta y por cumplir todos los días todo lo que se proponen.

Efectivamente: sin obsesiones, pero sin abandonarse, que bastante rebaja trae ya consigo la vida. Liszt, aquel gran compositor, decía: "Si no hago mis ejercicios un día, lo noto yo; pero si los omito durante tres días, entonces ya lo nota el público".

— ¿Y cuando no les salen las cosas una y otra vez, como sucede a veces?

No le iría bien al río, dice el refrán, si de todos los huevos saliesen peces grandes. Ni al jardín, si cada flor diese fruto. Tampoco al hombre, si todas sus empresas fueran coronadas por el éxito. La vida es así y hay que aceptarla como es.

Que no se engañen diciendo que "la suerte es patrimonio de los tontos", porque es una excusa de fracasados. Que no piensen que son muy listos pero que la vida no les hace justicia, cuando quizá lo que debieran hacer es buscar la verdadera razón de su desgracia. Que se acuerden de ese otro refrán: el que quiera lograr algo en la vida, no haga reproches a la suerte, agarre la ocasión por los pelos y no la suelte.

Lanzarse y perseverar. Audacia y constancia: dos aspectos inseparables que se complementan. Horacio afirmaba que quien ha emprendido el trabajo, tiene ya hecho la mitad. Y se podría completar con aquello otro de Sócrates: comenzar bien no es poco, pero tampoco es mucho.

[Al inicio de este artículo: "Demóstenes Practicando Oratoria". Frente al mar y al viento; así es como el pintor Jean Lecomte (1842–1923) imaginaba a Demóstenes]



domingo, 20 de septiembre de 2009

¿Luchar contra el aborto legal? - Fernando Pascual

¿Luchar contra el aborto legal?
P. Fernando Pascual, LC


Muchos hombres y mujeres de buena voluntad trabajan intensamente para prohibir el aborto o para impedir su legalización. Consideran que es un tremendo mal para la sociedad el que el aborto llegue a ser admitido, despenalizado-legalizado, incluso financiado con dinero público.

Pero no faltan personas que afirman que no vale la pena dedicar tantas energías a combatir las leyes abortistas, sino que habría que invertirlas de otra manera. ¿Por qué? Porque el aborto, ilegal o legal, existe por falta de amor, de apoyo, de principios éticos profundos. Según estas personas, que dicen defender el derecho a la vida de los hijos no nacidos, habría que dejar las batallas legales, que normalmente son perdidas ante una clase política cada vez más vacía de principios éticos, para concentrar los esfuerzos en crear una cultura de la vida y para la vida, de la paternidad y de la maternidad, del amor y del respeto.

El razonamiento es sugestivo, pero engañoso. Tiene elementos verdaderos, pero olvida aspectos importantes de la vida de los pueblos y del sentido de la ley.

Es verdad que una ley que permite el aborto no “obliga” a nadie a abortar. Es verdad que ante el aborto legalizado (o despenalizado) una mujer que empieza su embarazo jamás pensará en abortar si ama a su hijo, si cree que Dios es el origen de la vida, si tiene principios sanos, si considera que por encima del egoísmo están la justicia y el amor. Es verdad que las leyes en favor del aborto seguramente tendrán un efecto mínimo en las convicciones de quienes (y no son grandes números) pertenecen a los distintos grupos y movimientos pro-vida (pro-life).

Pero también es verdad que las leyes tienen un valor educativo o deseducativo enorme en la vida de los pueblos y en la formación de la conciencia de las personas. Una ley que permite una injusticia tan grave como la del aborto hiere en lo más profundo de su ser a un pueblo y a miles de personas que se dejan desorientar fácilmente, porque pensarán: si algo es legal no debe ser tan malo, o incluso tal vez sea algo bueno.

No podemos olvidar nunca que la ley, para ser justa, debe señalar y perseguir los delitos más graves con penas adecuadas a los mismos. Despenalizar el delito es, simplemente, legalizarlo.

Como bien saben los especialistas del derecho, un delito no castigado se convierte en “no delito”, empieza a ser algo aceptado como correcto en la vida social. Legalizar un delito despenalizándolo (o incluso a través de una ley plenamente legalizadora) daña enormemente las relaciones humanas y destruye en lo más profundo el tejido social.

¿Podríamos imaginar un estado que despenalice los robos de pequeñas cantidades de dinero? Tal despenalización no hará que las personas honestas roben, es verdad. Pero herirá enormemente a víctimas de pequeños robos que verán cómo son robados algunos de sus bienes ante la indiferencia de un estado que acepta como algo “no punible” un delito contra la propiedad. El robo es siempre robo, es un delito, aunque lo robado sea simplemente una caja de caramelos, un bolígrafo o unas pocas monedas del bolsillo.

Por eso vale la pena luchar contra el aborto a todos los niveles: individual, familiar, local, regional, estatal, internacional. Vale la pena combatir las ideas y los comportamientos que llevan a miles de mujeres, cada año, a destruir la vida de sus hijos no nacidos. Vale la pena promover una cultura de la vida en la que la sexualidad sea vista en toda su riqueza y protegida de cualquier tipo de abuso, en la que el matrimonio y la familia sean el lugar de acogida de la vida, en la que cada hijo sea visto como un tesoro de valor infinito.

Por lo anterior, también vale la pena, precisamente para fomentar la cultura de la vida, luchar firmemente contra cualquier ley que trivialice el aborto como si fuese algo plenamente normal, incluso como si fuese un “derecho”, cuando en el fondo se trata de uno de los delitos más graves que puedan darse en el mundo. Porque destruye la vida de un hijo completamente indefenso. Porque va contra la conciencia de una madre que está llamada, como todo ser humano, a amar y darse a los demás, pero de un modo mucho más intenso a cada uno de sus hijos. Porque aniquila la ética profesional de cientos de médicos y profesionales de la salud que deben servir la vida, no destruirla. Porque adormece a la sociedad al reducir el sexo y la procreación a caprichos en los que siempre se pueden evitar “consecuencias indeseadas”, al haber dado permiso de asesinar con una facilidad fría y despiadada a los hijos que no sean acogidos con amor.

Defender y promover la cultura de la vida implica, por lo tanto, combatir con todas nuestras energías el aborto: el ilegal (siempre será ilegal por ser injusto), y el mal llamado “legal”, que no dejará de ser un crimen aunque esté apoyado por leyes inicuas.

Luchar contra las leyes abortistas es mucho más que una buena estrategia contra el aborto: es un deber de todo ciudadano que quiera construir un estado justo y un mundo capaz de respetar y tutelar el derecho básico de la convivencia social, el derecho a la vida.

[Tomado de www.churchforum.org]


martes, 15 de septiembre de 2009

Trayectoria teológica de Benedicto XVI - Miguel A. Barriola

TRAYECTORIA TEOLÓGICA DE BENEDICTO XVI
Pbro. Dr. Miguel A. Barriola


Proemio

Preludiando a las pobres y precipitadas notas, que tendrán la paciencia de escuchar[1], quisiera comenzar con la apreciación sobre el Papa Ratzinger en cuanto teólogo, de otro eximio estudioso de la fe católica, cuyo influjo en la ciencia sagrada y en el Vaticano IIº nadie puede negar. Me estoy refiriendo a H. de Lubac quien, en 1985, nos dejó este testimonio:

“El Doctor Ratzinger es un excelente teólogo de profesión: los mejores doctorandi acudían recientemente todavía a la facultad de Regensburg para ponerse bajo su dirección. No teme abordar directamente los asuntos fundamentales ni los problemas actuales, siempre en calma, simplicidad, mesura, gran respeto por las personas y sonrisa. Su primer preocupación, sin embargo, no es agradar: él no se sustrae a su papel, a veces ingrato... La campaña difamatoria que yo veo en estos mismos días desencadenada contra él, es también ella, retomo la palabra, «una impostura», - o al menos en alguno que otro - el producto de una ligereza lamentable”[2].


Pantallazos de una trayectoria teológica

Después de la azaroza Segunda Guerra mundial, Joseph Ratzinger continuó sus estudios de preparación al sacerdocio en el Seminario de Freising. De esa época recuerda en su Aus meinem Leben, la impresión favorable, que recibió de autores como Romano Guardini y Joseph Pieper[3]. Guardini, especialmente, aparecerá constantemente en sus escritos como un faro orientador, sobre todo en cuanto al “Espíritu de la Liturgia”.

También menciona que tuvo dificultad en su acceso al pensamiento de Tomás de Aquino, “cuya lógica cristalina me parecía demasiado cerrada en sí misma, demasiado impersonal y preconfeccionada”[4].

Nos preguntamos cómo pudo surgir en un espíritu tan amplio, a la vez que convencido católico, un sentimiento así respecto al teólogo, que más aprobaciones ha recibido de parte del magisterio de la Iglesia.

El mismo Ratzinger nos da alguna pista para aclarar el punto, ya que, acto seguido explica: “Pudo influir en ello también el hecho de que el filósofo de nuestra escuela Superior, Arnold Wilsem, nos presentara un rígido tomismo neoescolástico, que para mí estaba sencillamente demasiado lejano de mis interrogantes personales”[5].

Porque, si, como hemos oído, ha rescatado a Joseph Pieper, como un autor, al que debe gratitud, es sabido hasta qué punto este gran filósofo católico estaba empapado del más genuino tomismo. De hecho, más adelante, ya encaminado en sus cursos universitarios de Münster, pondrá de relieve a Gottlieb Söhngen, al que describe así: “Pertenecía a aquella dinámica corriente tomista, que había hecho propias la pasión por la verdad y la resolución de la pregunta sobre el fundamento y el fin de todo lo real del Aquinate, pero que se esforzaba conscientemente de hacer esto en el ámbito del debate filosófico contemporáneo”[6].

Además, andando el tiempo, compuso un elogioso prólogo a la síntesis teológica del gran tomista de Friburgo, Jean Hervé Nicolas[7].

En cuanto a Söhngen, es interesante rescatar este otro recuerdo. Ante las consultas sobre la definibilidad dogmática de la Asunción de María, dicho profesor se pronunció decididamente en contra. Cuando le preguntaron qué haría, si de todos modos fuera declarado solemnemente ese privilegio de la Madre de Jesucristo, respondió: “Si el dogma es proclamado, me acordaré de que la Iglesia es más sabia que yo y que tengo más confianza en ella que en mi erudición”[8]. Observa a continuación Ratzinger: “Creo que esta escena lo dice todo sobre el espíritu con que se hacía teología en Munich, de forma crítica pero creyente”[9].


La tesis contrariada

La inclinación de Ratzinger iba más hacia S. Agustín[10] y entre los medievales a S. Buenaventura[11]. Su estudio de este último Doctor fue muy apreciado por Söhngen, aunque no así por el correlator Michael Schmaus, quien sentenció que el estudio no correspondía a los criterios de rigor científico requeridos para las obras de tal nivel. El joven sacerdote sintió “como si un rayo lo hubiese fulminado desde el cielo sereno”[12]. El día de la Virgen de Lourdes de 1957 fue, por fin, aceptada su tesis doctoral.

Pasó después a ser docente en Bonn, tiempo del que rescata su relación con el “indólogo” Paul Häcker, de quien se dice deudor en el campo de la historia de las religiones[13], área de la que se ocupará especialmente por medio de la Declaración: “Dominus Jesus”.


Perito del Vaticano II

Es trasladado a Münster, desde donde entabla relación con el Card. Joseph Frings, arzobispo de Köln, quien lo lleva consigo a la primera sesión del Vaticano II, obteniendo en Roma que fuera nombrado oficialmente “perito” teólogo. Retiene, de aquellos tiempos tan laboriosos y fecundos sus contactos con de Lubac, Daniélou, Philips, Congar, Rahner.

Comenta las largas y extenuantes discusiones sobre el esquema “De fontibus Revelationis”, dando noticia de cómo se propuso que Rahner junto con él redactaran un nuevo esbozo, que, sin embargo, no fue aceptado.

Confiesa al respecto: “Trabajando con él, me di cuenta de que Rahner y yo, a pesar de estar de acuerdo en muchos puntos y en múltiples aspiraciones, vivíamos desde el punto de vista teológico en dos planetas diferentes...sus motivaciones eran muy diversas a las mías. Su teología - a pesar de las lecturas patrísticas de sus primeros años – estaba totalmente caracterizada por la tradición de la escolástica de Suárez y de su versión a la luz del idealismo alemán y de Heidegger. Era una teología especulativa y filosófica en la que, al fin y a la postre, Escritura y Padres no jugaban un papel importante y en la que la dimensión histórica era de escasa importancia”[14].


En la turbulenta Tübingen

Siguió su docencia en Münster, pero pasó a Tübingen en 1966, años en que asiste a un cambio de orientaciones, que se fueron de un extremo al otro. De un “existencialismo”, tipo Heidegger- Bultmann, se pasó “casi en el espacio de una noche” al esquema marxista. Ernst Bloch enseñaba en Tübingen, denigrando a Heidegger. Jürgen Moltmann (Teología de la esperanza), teólogo protestante, repensaba la teología a partir de Bloch.

Palpó entonces Ratzinger hasta qué punto ”la destrucción de la teología, que tenía lugar a través de su politización en dirección al mesianismo marxista era incomparablemente más radical, justamente porque se basaba en la esperanza bíblica, pero la destrozaba porque conservaba el fervor religioso eliminando sin embargo a Dios y sustituyéndolo por la acción política del hombre. Queda la esperanza, pero el puesto de Dios es reemplazado por el partido y por tanto, el totalitarismo de un culto ateo que está dispuesto a sacrificar toda la humanidad a su falso dios”[15].

La descripción de sus sufrimientos morales en tal etapa es verdaderamente dramática, hasta el punto que la situación lo llevó a tomar la decisión de alejarse de un clima tan conflictivo. En una entrevista concedida en 1985 al “New York Times”, declarará, acerca de tal época: “ Aprendí que es imposible discutir con el terror...y que una discusión se convierte en colaboración con el terror...Pienso que en aquellos años aprendí a ver dónde la discusión debe ser interrumpida, a fin de que no se transforme en mentira y dónde ha de comenzar la resistencia, con el fin de salvaguardar la libertad”[16].


El postconcilio – Arzobispo de Munich – Cardenal

Los años de Regensburg coincidieron con una serie de acontecimientos determinantes. El primero fue la llamada a formar parte de la Pontificia Comisión Teológica Internacional.

Allí comprobó que muchos de sus colegas no veían con buenos ojos la marcha que fue tomando la interpretación y aplicación del Vaticano IIº. Ratzinger sentía lo mismo y señala a de Lubac, Philips, Delhaye y Jorge Medina (teólogo chileno y actual cardenal, que lo presentó como Papa al mundo) coincidían en esta apreciación. Sobre todo se detiene en la gran figura de Hans Urs von Balthasar. No olvidemos que por esa época Y. Congar editó su obra: Au milieu des orages.

Enseguida del Concilio, los principales teólogos que participaron en él , publicaron la revista “Concilium”, cuyos trabajos se presentaban, casi, como la quintaesencia del Vaticano IIº. El propio Ratzinger se encontraba entre sus fundadores.

Pero, muy pronto “Concilium” se convirtió en tribuna de contestación teológica. Entonces, Ratzinger, junto con v. Balthasar y otros sacaron a la luz “Communio”.

A propósito de las ansias de más de uno por que se celebrase un nuevo concilio, Ratzinger narra la siguiente anécdota del Card. Julius Döpfner. Habiéndole alguien comentado que muchos veían la necesidad de un Vaticano IIIº, respondió el arzobispo de Munich: “Not in my lifetime!”. Es que estaba convencido de que las experiencias conciliares son interesantes sólo después de transcurrido largo tiempo y cuando están muy distanciados[17].

En esos tiempos turbulentos afianza su carisma de profundización en la doctrina de la fe. “Me sentía llamado a una vida de estudio y no había tenido nunca en mente nada distinto”[18]. Pero, el hombre propone y Dios dispone.

Así fue que en marzo de 1977 el nuncio le comunicó que Pablo VIº lo nombraba Arzobispo de Munich. Le costó muchos titubeos aceptar, reeditando las situaciones interiores conflictivas, que experimentara su maestro. S. Agustín. Dejándose llevar por el gran genio de Hipona, fotografía su estado de ánimo espiritual: “Había elegido la vida del hombre de estudio y Dios lo había destinado a hacer de «animal de carga» (“ut iumentum factus sum apud te et ego semper tecum” – Sal 72 / 73m 22- 23)...Sí, es cierto, me he convertido en un animal de tiro, una bestia de carga, pero precisamente de este modo estoy contigo, te sirvo, me tienes en tus manos”[19].

Fue nombrado Cardenal el 27 de junio de 1977.

Pero no se dejó atrapar por asuntos administrativos, sino que en su episcopado muniqués de sólo cuatro años y en los 24 sucesivos de su prefectura romana, nunca dejó de indagar y publicar obras profundas y de gran alcance doctrinal.


Instrucciones sobre la Teología de la liberación

Las intervenciones de la Congregación, presidida por Ratzinger, que más resonancia alcanzaron, sobre todo en nuestro continente latinoamericano, fueron sin lugar a dudas “Libertatis nuntius” (1984) y “Libertatis conscientia” (1986).

Muchos le han reprochado su desconocimiento de América Latina.

Suponiendo, no concediendo, que así haya sido[20], no se ha de pasar por alto que muchas veces sucede que, quienes están más sumergidos a sus propios problemas, pierden horizonte y necesitan de otra visión, que les haga descubrir aspectos defectuosos o favorables no tenidos en cuenta a causa de la misma inmediatez de su punto de vista.

Recordemos al profeta Amós. Era oriundo de Judá, pero tuvo que profetizar en el reino de Samaría, región que no conocía en su vida anterior. Así fue cómo también fue desestimado por el sacerdote Amasías, que le conminó a que se “gane el pan en su país de origen” (Am 7,10 – 13). Pero Amós había puesto su dedo en más de una llaga del opulento dominio de los reyes Ozías y Jeroboam.

El “Martín Fierro” de José Hernández, despreciado por los círculos literarios bonaerenses, fue descubierto por....Miguel de Unamuno y Marcelino Menéndez y Pelayo, los grandes escritores españoles[21].

Sören Kierkegaard ... burlado por toda Copenhagen, hasta por su propio hermano, fue apreciado sólo muchos años después.

También levantó gran revuelo el Informe sobre la fe (1985), en el que, respondiendo a la entrevista del periodista Vittorio Messori, presentó una panorámica no muy halagadora de la situación confusa, en que se encontraba la Iglesia, no “a causa del Concilio”, sino “después del mismo” (post hoc, non propter hoc).

Las interpretaciones arbitrarias, que pululaban, hacían correr el riesgo de tergiversar profundamente los textos, bajo la pretendida invocación del “espíritu del Concilio”. Porque, si es verdad que “la letra mata y el Espíritu da vida” (II Cor 3, 6), no es menos cierto que un “espíritu” desligado de la letra, se presta para cualquier desvarío, como pasaba entre los “carismáticos” de Corinto: “Ya que Uds. ambicionan tanto los dones espirituales, procuren abundar en aquellos que sirven para edificación de la comunidad” (I Cor 14, 12), lejos de todo tipo de protagonismo, que ignore al bien común y a quienes lo custodian desde el magisterio auténtico de la Iglesia.

El reportaje pasó revista a temas como: La Iglesia (no “nuestra” sino “suya”, de Cristo) – Catequesis – Moral – La mujer – Liturgia – Ecumenismo – Liberación – Uno solo es el Salvador (casi un anuncio de “Dominus Jesus”).

Paso por alto los datos ya mencionados por el Pbro. Jaime Fuentes, acerca de los innegables beneficios aportados por el Catecismo de la Iglesia Católica (1992), que fuera tan apriorísticamente rechazado y que, pese a todo, se constituyó en un verdadero ”best – seller”.


Iglesia universal y particular

Es muy rica la producción de Ratzinger respecto a la Iglesia de Cristo. No cabría en esta exposición dar cuenta de sus alcances.

Sólo aludiremos a un asunto importante en que la postura de Ratzinger es relevante y discutida[22]. Se refiere a la prioridad o no, de la Iglesia universal sobre las particulares.

Nuestro teólogo sostiene, en este caso, que la Iglesia universal precede a las comunidades localizables en Corinto, Roma, etc. Porque, en el tiempo apostólico es sobre todo la figura misma del apóstol lo que queda fuera del principio local. El apóstol no es obispo de una comunidad, sino misionero de la iglesia entera. La figura del apóstol es la más contundente refutación de cualquier concepción de iglesia puramente local. En su persona se expresa la Iglesia universal: a ésta representa él, sin que ninguna Iglesia local pueda pretender tenerlo por sí sola. Pablo ejerció esta función de unidad mediante sus cartas y a través de una red de enviados. Estas cartas son la realización práctica del servicio católico de la unidad, que sólo se explica en virtud de la autoridad del apóstol que se extiende a la Iglesia universal Si observamos además las listas de saludos de las cartas, podemos verificar también que la sociedad antigua era móvil; encontramos a los amigos de Pablo ora aquí ora allá. Ser cristiano quería decir para ellos pertenecer a la única asamblea de Dios en formación, que ellos encontraban unida e idéntica en todos los lugares[23].

La Iglesia universal, pues, no nace de una suerte de confederación de comunidades locales, sino que, al revés, éstas van concretizando el plan de Jesucristo, que concibió y realizó “su iglesia”, dotada ya del dinamismo misionero, para expandirse por doquier y hasta el fin de los siglos.

Algunos han querido ridiculizar esta visión, comparándola con la imposible posición de viejos filósofos, que hablaban de un “universale a parte rei”, o sea, que “lo universal” no era el producto de la mente humana, que partiendo primero de lo individual, generalizaba después por medio de la abstracción, sino que se daban en la realidad (no sólo en la mente humana) los conceptos universales.

Olvida esta caricatura que, en los humanos, el proceso es ciertamente abstractivo, para llegar a las ideas, que constituyen la ciencia, aplicable, después en todas las latitudes y edades. Pero en Dios, creador y salvador, sus planes abarcadores de la historia son anteriores a su lenta realización en el mundo. La analogía habría que buscarla más bien en el padre y la madre respecto a sus muchos hijos individuales. Antes de que vengan al mundo, ya se da en los progenitores la potencia “universal”, respecto a las diferentes filiaciones que producirá su amor mutuo.

Los “localismos” tienen su derecho a la existencia en la Iglesia católica, con tal de que respeten lo común, anterior a la propia idiosincrasia, que viene del mismo Cristo, creador de la Iglesia. Así fue cómo Pablo, ante el excesivo individualismo de los cristianos de Corinto, les preguntaba: “¿Acaso la Palabra de Dios ha salido de ustedes o ustedes son los únicos que la han recibido?” (I Cor 14, 36).


La Iglesia en el primer milenio

Otra de las tesis, que muchos suelen esgrimir, casi como reprochándole una contradicción a Ratzinger, es de orden ecuménico, sobre todo en referencia a las Iglesias separadas de Oriente[24].

En efecto, en un trabajo de 1976[25], había previsto Ratzinger, que no se podía pedir a las Iglesias orientales más de lo que se había vivido en común con la Iglesia de Occidente durante el primer milenio, antes del cisma. Por lo cual, no tendrían que entrar en discusión evoluciones doctrinales “romanas”, como, por ejemplo, el primado pontificio, tal cual fue definido en el Concilio Vaticano Iº.

Muchos siguen ateniéndose a aquel punto de vista, sin darse por enterados de las puntualizaciones posteriores, aportadas por el mismo Ratzinger[26].

En efecto, el prefecto de la Congregación enfrentó a estas tergiversaciones[27], sosteniendo:

“Tanto más raro me pareció...que la revista católica de ecumenismo «Irénikon», opinara en un editorial, que tenía que dirigir serios reproches a la Congregación de la Fe, porque en sus análisis de los documentos de consenso[28], había incluido definiciones, que aparecieron en la Iglesia Católica después de la separación.

«Irénikon» habla de una penosa impresión, que ha despertado la Congregación, agregando críticamente: «Si esta actitud tiene ya sus consecuencias en el diálogo con los anglicanos, se puede uno imaginar el callejón sin salida, a donde ha de conducir, en caso de intentar la recomposición de la comunión canónica y sacramental con los ortodoxos»[29].

Aquí – replica Ratzinger – parece que se desarrolla una especie de dogma ecuménico, que de alguna manera tiene que ser tomado en cuenta.

En el punto de partida se afirma que la Iglesia Católica no puede en modo alguno acudir a los dogmas del segundo milenio para la comunión con los ortodoxos. Con ello se presupondría que las iglesias orientales permanecieron en la tradición del primer milenio, lo cual, como tal es legítimo y, bien entendido, no contiene contradicción alguna respecto al desarrollo posterior, que, por cierto, despliega aquello que también estaba ya dispuesto en el tiempo de la Iglesia indivisa. Semejantes intentos de pensamiento, en los cuales también yo he participado[30], han evolucionado, entretanto, hacia la opinión de que los Concilios y decisiones dogmáticas del 2º milenio no deban ser vistos como ecuménicos, sino como desarrollos particulares de la Iglesia Latina, que serían su «patrimonio específico» en el sentido de “our two traditions”. Pero así, el primitivo intento de pensamiento se ha cambiado en una tesis totalmente nueva y de grandes consecuencias. Porque semejante concepción significa que, de hecho, la existencia de la Iglesia universal ha sido negada y que la Tradición, en cuanto grandeza viviente que transmite la verdad, se quedó congelada al pasar al 2º milenio. Pero con ello se atenta al concepto de Iglesia y de Tradición en su núcleo, porque en último término el concepto de lo antiguo diluye la potestad apostólica de la Iglesia que, en tal caso, se queda sin voz alguna para el presente[31].

Además, frente a tal representación habría que preguntar, con qué derecho pueden ser obligadas por tales declaraciones las conciencias de una Iglesia parcial, como lo es la «latina». Lo que se presentó como verdad, debería ser cualificado como simple costumbre. Aquello que se tenía hasta el presente como expresión de la verdad, (según tales posturas) debería ser descalificado ahora como abuso.

Todo esto significa que aquí una tesis de amplios alcances, pero no reflexionada en sus fundamentaciones y sus consecuencias, se alza como axioma, que se da por supuesto y que, quien no lo tenga en cuenta, ha de ser tachado con una censura sin misericordia. Pero justamente la evidencia, con la que «Irénikon» pensó aquí, que debía dirigir su censura a la Congregación de la Fe, debe ser rechazada con toda decisión...

Esto incluye la pregunta, sobre hasta qué punto las decisiones del tiempo de la separación, en su forma de expresión y forma de pensamiento están signadas por cierto particularismo, que es prescindible, sin destruir lo auténtico de lo que se dice. Porque la hermenéutica no es un truco para liberarse de pesadas autoridades, alegando su infuncionalidad (como, a la verdad, se dice a veces abusivamente), sino hacer presente a la palabra en su comprensión, que, a la vez, descubre nuevas posibilidades de esta palabra.

Diálogo ecuménico no significa abandono de la viviente verdad cristiana, sino ir adelante por medio de la hermenéutica de la unidad. Abandonar, poner entre paréntesis significa, reducirse artificialmente a un pasado que no es reproducible otra vez; significa reducir la tradición a lo pasado. Pero esto quiere decir que el ecumenismo es trasladado a un mundo artificial y se avanza más en la particularización, en cuanto se da libertad sólo a lo propio. Esto viene a ser, una vez más, que mientras (el uso de decisiones del 2º milenio) es visto como no apto para el diálogo, sin embargo, por otra parte, se quiere permanecer en ese uso, fuera del ámbito de la verdad, rebajándolo de la mera costumbre, con lo cual surge finalmente la pregunta de si se trata propiamente de la verdad o sólo de un equilibrio de costumbres y un método para su tolerabilidad .En todo caso, se debe resistir al axioma, según el cual, no se debería considerar como «el Nivel del diálogo» la inclusión de decisiones dogmáticas del tiempo posterior a las divisiones y tenerlo como una huida a lo artificial, que se ha de rechazar decididamente”[32].

Se puede apreciar por esta discusión, hasta qué punto el ecumenismo, según Ratzinger y todo el que piense en lo que está en juego, ha de alejarse de un mero intercambio de cortesías, llegando hasta limar las propias posturas de otrora, a favor de la verdad, por exigente y, a veces poco simpático que ello aparezca[33].


La Declaración “Dominus Jesus”

Después del trascendental pedido de perdón y purificación de la memoria, respecto a los pecados de la Iglesia, realizado por Juan Pablo IIº, a comienzos del Jubileo del 2000, muchos sintieron como una gran incoherencia la declaración “Dominus Jesus”, sobre la unicidad de Cristo en el diálogo con las religiones.

El propio Juan Pablo IIº tuvo que salir expresamente a explicar, que no había incompatibilidad alguna entre ambos actos.

Por de pronto, no se ha de perder de vista, que, por pecador que sea un individuo o comunidad, el hecho no equivale a que todas sus acciones y principios se vean afectados de pecaminosidad. El propio Pablo se reconoce gran prevaricador, lo cual no le impide presentar a Jesucristo como salvador de todos en el mundo(no sólo de un grupo selecto): “Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mí toda su paciencia, poniéndome como ejemplo de los que van a creer en él para alcanzar la Vida eterna” ( I Tim 3, 15 – 16. Ver: I Cor 15, 8 – 10; Gal 2, 13 – 16; Ef 3, 8).

Es que muchos teólogos[34] estaban desdibujando la urgencia de la misión universal de la Iglesia, en pro de un falso ecumenismo, sincretismo e indiferentismo religioso.

Había que aclarar que no era por altivez o desdén respecto a seculares formas de acercamiento a lo divino, que la Iglesia Católica proclamaba ante todos, la única salvación aportada por Cristo. No fueron los cristianos quienes, por mejores méritos o mayor lucidez intelectual, descubrieron esa legítima pretensión, sino que la recibieron gratuitamente, por divina revelación. Y, si es verdad que la inmensidad de Dios no puede ser agotada, ni siquiera por la limitada humanidad de Cristo, el hecho es que el mismo Señor de la historia ha determinado que, en su Hijo encarnado, se condensaran todos los tesoros de su misericordia, como lo presenta egregiamente el prólogo de la Carta los Hebreos (1, 1-2).


“¡Ay de Uds. cuando todos los elogien!” (Lc 6, 26)

El teólogo Ratzinger nunca buscó el aplauso, sino servir a la verdad. En todos estos actos, a los que pasamos brevísimente revista, que levantaron encendidos reparos, aún de teólogos con mucha prensa, cumplía él la consigna, que expresó al asumir el episcopado, al fin del año 1979:

“El magisterio eclesial protege la fe de los simples, de aquellos que no escriben libros, que no hablan en televisión y no pueden escribir editoriales en los diarios; ésta es su tarea democrática. El debe dar voz a quienes no la tienen”[35].

Así también lo sintió el Card. George Cottier, quien, sintetizando sus largos años de arduo trabajo junto a Ratzinger, en calidad de secretario de la Comisión Teológica Internacional, después de la elección de Benedicto XVI, puntualizaba lo siguiente:

“Cuando en su homilía para la Misa de comienzo del pontificado, dijo que su programa no será la afirmación de sus propias ideas, sino la docilidad a la inspiración de Jesús y su Evangelio, el Papa Benedicto XVI se presenta como un vir ecclesiasticus, un hombre de Iglesia. Siempre ha tenido presente que un teólogo católico hace teología no a título personal, sino como hijo de la Iglesia. Así ha vivido su actividad de teólogo. En plena humildad, sin ceder a la tentación de la soberbia que, con frecuencia, hace de la profesión del teólogo un riesgo, un oficio peligroso.

Pienso también que Dios lo ha preparado a su cargo actual, porque el Papa Ratzinger no sólo ha sido el gran teólogo que es, sino que el largo período vivido como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, le ha garantizado una experiencia de la vida de la Iglesia de vasto horizonte, en el contacto continuo con tantos obispos.

Es un Papa que tiene una visión verdaderamente complexiva de los problemas. Los grandes problemas son ahora globales, tocan a toda la humanidad y desde su observatorio, desde su meditación, desde su oración, el cardenal Ratzinger ha sido preparado para afrontar todo esto”[36].

Por fin, no ha hecho otra cosa que seguir el ejemplo de S. Pablo, cuando escribía a sus tesalonicenses:

“Uds. saben, - y Dios es testigo de ello – que nunca hemos tenido palabras de adulación, ni hemos buscado pretexto para ganar dinero. Tampoco hemos ambicionado el reconocimiento de los hombres ni de Uds. ni de nadie, si bien como Apóstoles de Cristo, teníamos el derecho de hacernos valer” (I Tes 2, 5- 6).




Miguel A. Barriola – Montevideo, 30 – XI – 05



_______
Notas:
[1] Se aclara, que a la disertación tenida en el Municipio de Montevideo el 30 / XI / 05, se han agregado algunas consideraciones, sobre todo en materia eclesiologica.
[2] “Le Cardinal de Lubac parle”, reportaje aparecido en: La France Catholique, Nº 2013, 19 – VII – 1985- 16.
[3] J. Ratzinger, Mi Vida – Recuerdos (1927 – 1977) , Madrid (1977) 55.
[4] Ibid. , 56.
[5] Ibid.
[6] Ibid. , 67.
[7] “La opción tomista, en el punto de partida, no reposa sobre la autoridad, en cuanto tal, del Aquinate, sino sobre su pensamiento teológico, que el autor acoge, repensándolo críticamente. Lo que caracteriza a una teología así situada, es ante todo la síntesis entre conocimiento histórico y reflexión filosófica. Pero también la conjunción de la enseñanza de la Iglesia con la reflexión crítica, de la teoría y la práctica...
Quien se deje guiar por el Padre Nicolas percibirá que la eclesialidad de la teología, si es auténtica, no impide para nada el vigor y la apertura del pensamiento. Al contrario, lo pone en profundo acuerdo con los grandes pensadores de todos los siglos, sin lo cual se cae en el aislamiento individualista y finalmente en el escepticismo, la carencia de verdad” (Cardinal Joseph Ratzinger, “Préface” a: Jean – Hervé Nicolas OP , Synthése dogmatique – De la Trinité à la Trinité , Fribourg – 1986 – V –VI).
[8] Ibid.
[9] Ibid.
[10] Su tesis fue: Pueblo y Casa de Dios en la Doctrina de la Iglesia de S. Agustín (1953).
[11] Obtuvo la libre docencia con un trabajo acerca de: La Teología de la Historia en San Buenaventura (1957).
[12] Mi Vida , 883.
[13] Ibid. , 94.
[14] Ibid. , 104 – 105.
[15] Ibid. , 114.
[16] Citado por: A. Tornielli, Ratzinger – Custode della fede , Casale Monferrato (2002) 56.
Gran coincidencia de prudencia práctica con Sto, Tomás de Aquino: “Qui errat circa principia impersuasibilis est” (Summa Theologiae I – II , 71). De donde también se sigue la recíproca: quien yerra sobre los principios jamás podrá convencer a los demás; porque, o se atiene a una regla común de conversación teológica ( y racional) o tácitamente estará ejerciendo un imperialismo intelectual, pretendiendo que todos canten a su compás.
[17] Ver: Cardenal Joseph Ratzinger, La sal de la tierra – Cristianismo e Iglesia Católica ante el nuevo milenio – Una conversación con Peter Seewald , Madrid (1996) 274.
[18] Mi Vida , 127.
[19] Ibid. , 132.
[20] Porque el puesto tan central que ocupaba, al lado de Juan Pablo IIº, lo obligaba a conferenciar con los distintos episcopados latinoamericanos (y de todo el mundo). Confírmese lo dicho con el testimonio del Card. Cottier, que cerrará esta semblanza (pp.10 - 11).
[21] “Cuando apareció (la obra de J. Hernández), ningún diario de los 30 de Buenos Aires lo recordó, excepto el periódico LA PAMPA que le dedicó una noticia paupérrima. Cuando apareció la Segunda Parte, el silencio no podía mantenerse ante los 68.000 ejemplares ya vendidos y el entusiasmo del pueblo; y entonces los periódicos se dieron por enterados, diciendo en general que era un libro «chiistoso»; o sea confundiendo a Hermández con el petimetre Estanislao del Campo; o reduciendo todo el libro al episodio de Vizcacha.
Después desto vino el vituperio del héroe, «gaucho cornudo y malevo”, como dijo Sáenz y Quesada, que contagió incluso a Calixto Oyuela... Conforme a esto la intelligentzia liberal del país lo ignoraba o despreciaba; y fue necesario el golpetazo extranjero de Unamuno y Menéndez y Pelayo para despertarla...
Hoy la gran mayoría de la crítica se ha plegado a la unanimidad de la crítica laudatoria desencadenada en 1894 por Unamuno y Menéndez y Pelayo, respecto a la excelencia poética del poema” (L. Castellani, “Martín Fierro traicionado” en su obra: Lugones / Esencia del liberalismo / Nueva crítica literaria , Buenos Aires – 1976 – 548 – 549 y 552).
[22] Nada menos que por otros dos cardenales - teólogos alemanes, W. Kasper y K. Lehmann, que también ocupan cargos en la Curia Romana.
[23] Ver: J. Ratzinger, La Iglesia – Una comunidad siempre en camino , Madrid – l992 – 50.
[24] Así, algunos (nada menos que en artículos de la célebre revista ”Irénikon” – 55 / 1982 / ) contrastaban las observaciones hechas por la Congregación para la Doctrina de la fe a la ARCIC (Anglican – Roman Catholic International Commission ) a su documento de setiembre en 1981, con posturas del prefecto de la misma por aquel entonces, que parecían más abiertas.
[25] “Allgemeine Orientierung über den ökumenischen Disput um die Formalprizipien des Glaubens” (editado en: Theologische Prinzipienlehre – Bausteine zur Fundamentaltheologie , München – 1982 – 203 - 250).
[26] Quien, fiel discípulo de S. Agustín tendrá presente, por cierto, cómo el gran doctor latino, al fin de sus días redactó sus ”Retractationes”, revisando una por una sus obras, para corregir lo que había de erróneo o poco seguro. ¿No sería aconsejable un ejercicio similar a más de un publicista hodierno, apresuradp y en busca de sensacionalismo?
[27] “Probleme und Hoffnungen des anglikanisch - katholischen Dialogs” en su obra: Kirche, Ökumene und Politik ,Einsiedeln – 1987 – 67 – 90)
[28] Se refiere a los resultados de la ARCIC de setiembe de1981. Ver arriba: nota 23.
[29] Cita a: «Irénikon» 55 (1982) 161 y nota 162.
[30] Alude aquí a su trabajo, ya mencionado en la nota 24.
[31] Más adelante, en un epílogo, a este mismo artículo, al confrontarse con algunas críticas que recibió (de parte de Tillard y otros), advierte lo siguiente: “Christopher Hill, subraya que, en verdad, sería un sin sentido, si se quisiera suponer que la Iglesia del segundo milenio ha perdido su voz; igualmente constata él que la «Tradición» no puede consistir simplemente en trozos de tradición recibidos del pasado»” (“Probleme und Hoffnungen...87).
[32] J. Ratzinger, “Probleme und Hoffnungen...” 80 – 82.
[33] Por lo cual, si bien su libro está lleno de muy buen sentido católico, creemos que no se ha enterado del alcance de la situación el periodista A. Tornielli, cuando afirma: “Esta «fórmula Ratzinger» (refiriéndose sólo a la propuesta de no utilizar desarrollos doctrinales posteriores al año mil) ha tenido amplia resonancia y recepción y ha llegado a ser fundamental para el diálogo ecuménico” . (Ratzinger , custode della fede , 132).
No avisa Tornielli sobre las importantes matizaciones que tuvo que aporta el mismo “custodio de la fe”.
[34] Entre los cuales J. Dupuis, jesuita belga, que desarrolló su ministerio y docencia durante décadas en la India, llegando a ser decano de la Facultad de Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana,
[35] Citado por A. Tornielli, ibid. , 72.
[36] G. Cottier, “Camminava nella strada recitando il rosario col suo berretto” en: 30 Giorni , XXII - Nº 5 – 2005 – 40.


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