Viene siendo una especie de “mantra”, de frase que se repite: “Valorar más lo que nos une que lo que nos separa”. Decir algo semejante a eso y no decir nada es casi lo mismo. ¿Qué nos une a qué, o a quién?, ¿qué nos separa de qué, o de quién?
Lo importante no es, sin más, estar unido o separado de algo o de alguien. Lo decisivo es si merece la pena estar unido a algo o a alguien o si, por el contrario, es mejor estar separado de algo o de alguien.
Hay muchas cosas que nos “unen” a los humanos y a las acémilas. Los humanos y las acémilas respiramos. Eso nos une. Las acémilas y los humanos comemos y bebemos. Eso nos une también. Pero no hace falta ser muy soberbio ni muy orgulloso para que cada uno de nosotros se sienta diferente y no solo distinto, sino separado de las acémilas. Hay mucho que nos une, sí, pero hay también mucho que nos separa. Gracias a Dios.
Varios Papas se han quejado de que se ha perdido el sentido del pecado. Algunos prefieren su opinión personal a lo que diga EL MAGISTERIO OFICIAL DE LA IGLESIA.
Yo no puedo evitar mi preocupación cuando veo tanta gente comulgando y tan pocos confesándose. ¿Todos están en gracia de Dios? ¡Ojalá sea así! Pero lo dudo. Porque oigo con frecuencia decir: “eso para mí no es pecado”. Y las cosas son como son, no como a cada uno le parezca.
Si voy por el campo y me encuentro una fuente con el letrero AGUA NO POTABLE, no puedo beber, aunque a mí me parezca potable. Y si bebo, me enveneno.
Las cosas son como dicen los técnicos que entienden, y no como opine cada uno.
La telebasura nos presenta a veces cosas inmorales como lo más natural. Y la gente se acostumbra a aceptar lo que hace todo el mundo. Pero la opinión de la gente no vale más que la opinión de los entendidos.
Si a mí me duele la ingle y no sé si es apendicitis o un cólico nefrítico, pregunto a los médicos, y no a los transeúntes de la calle, aunque éstos sean mayoría.
Y en moral lo que vale es lo que dice EL MAGISTERIO OFICIAL DE LA IGLESIA.
Nuncio Apostólico: Verdaderos fieles no aceptan "catolicismo a la carta"
BUENOS AIRES, 27 Feb. 11 (ACI/EWTN Noticias).- El Nuncio Apostólico en Argentina, Mons. Adriano Bernardini señaló que en estos tiempos de relativismo moral incluso dentro de la Iglesia, el Papa Benedicto XVI podría sentirse abandonado por "ciertos sacerdotes y religiosos, no sólo Obispos,pero no de los fieles".
"Así el clero esté atravesando una cierta crisis", indicó Mons. Bernandini, "los fieles de Cristo están aún con todo su entusiasmo".
En su homilía por la Misa de inicio de la Asamblea Anual de Directores Diocesanos de las Obras Misionales Pontificias (OMP), el 22 de febrero, el Nuncio recordó a los presentes que sin el "primado de Pedro y la comunión con el mismo, no existe la Iglesia Católica".
Laicismo quiere extirpar de la cultura al Dios de la Biblia, dice autoridad vaticana
MADRID, 08 Feb. 11 (ACI/EWTN Noticias).- El Prefecto de la Congregación vaticana para los Obispos, Cardenal Marc Ouellet, señaló que el laicismo actual, especialmente en Europa, pretende relativizar la Biblia hasta el punto de disolverla en una especie de "pluralismo religioso" y así hacerla "desaparecer como referente cultural normativo".
El Cardenal canadiense pronunció la ponencia "La Sagrada Escritura en la Iglesia" el 7 de febrero en el marco del Congreso que lleva el mismo nombre, organizado por la Conferencia Episcopal Española como parte de la presentación de una traducción oficial de la Biblia en el país.
En su conferencia basada en la exhortación apostólica post sinodal Verbum Domini del Papa Benedicto XVI, el Cardenal resaltó las raíces cristianas del Viejo Continente y el hecho de que la Biblia ha modelado "el alma de Europa, su historia y su vida cotidiana". Sin embargo, advirtió, "en las últimas décadas una profunda crisis sacude los cimientos de la cultura europea. Una nueva razón de estado impone su ley y trata de relegar a un segundo plano las raíces cristinas de Europa".
Autoridades europeas admiten alcances de discriminación contra cristianos
ROMA, 30 Ene. 11 (ACI).- El sociólogo italiano Massimo Introvigne, representante de la presidencia en ejercicio de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) considera que los cristianos tienen razón al demandar una real libertad religiosa en Occidente porque son blanco de discriminación sistemática pese a ser la población mayoritaria de la región.
Introvigne, que trabaja en la oficina para la lucha contra el racismo, la xenofobia y la discriminación de la OSCE, concedió una entrevista sobre este tema al Observatorio de la intolerancia y la discriminación contra los cristianos en Europa.
En la entrevista, publicada el 21 de enero pasado en el sitio web IntoleranceAgainstChristians.eu, el sociólogo explicó que tanto en Europa como en países de Asia Central y el Cáucaso, "hay problemas de discriminación contra los cristianos" y es "más sutil que en otros lugares".
Ayudar a opinión pública a leer la realidad desde el Evangelio, pide el Papa a medios católicos
VATICANO, 26 Nov. 10 (ACI).- Al recibir esta mañana a los 300 representantes de la Federación Italiana de Semanarios Católicos, el Papa Benedicto XVI resaltó que una tarea de los medios de inspiración católica es ayudar a la opinión pública a observar y leer la realidad desde un punto de vista evangélico, pues esta aproximación tiene que hacerse presente en la esfera pública.
En su discurso a esta federación que desde 1966 agrupa a los órganos de información diocesana y de inspiración católica de la península itálica, el Santo Padre afirmó que con la creación de canales de comunicación entre los diversos organismos de la prensa local se "respondía a la exigencia de promover la colaboración para aumentar la eficacia y el carácter incisivo del anuncio del mensaje evangélico".
"Esta es la función peculiar de los periódicos de inspiración católica: anunciar la Buena Nueva a través de la narración de los hechos concretos que viven las comunidades cristianas y de las situaciones reales en que se insertan", añadió.
Dominus Iesus: A los diez años de un documento polémico pero, una vez más, acertado
Muy criticado al publicarse, el tiempo le está dando la razón
P. Alberto Royo Mejía
Se ha cumplido en este año el décimo aniversario de la Declaración “Dominus Iesus", elaborada por la Congregación vaticana para la doctrina de la Fe, publicada a principios de agosto del 2000 y que como ocurre con este tipo de documentos, no siendo documento papal tiene sin embargo su autoridad, ya que como bien se explica al final, “El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la Audiencia del día 16 de junio de 2000, concedida al infrascrito Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con ciencia cierta y con su autoridad apostólica, ha ratificado y confirmado esta Declaración decidida en la Sesión Plenaria, y ha ordenado su publicación“.
Sería una Declaración más de las muchas que publica este dicasterio, todas de gran importancia sin duda, pero que a veces quedan en el círculo de los expertos, que suelen ser teólogos, profesores y los mismos obispos. Pero resultó no ser una declaración más pues tuvo una resonancia mediática impresionante, y sobre ella hablaron no sólo periodistas sino intelectuales, líderes de otras confesiones y hasta algún político de los que les gusta enmendar la plana al Vaticano sin haberse leído los documentos.
El documento, como se recordará, respondía a una pregunta que se había formulado en el dicasterio vaticano: Si Cristo es un profeta más, y todas las religiones son iguales, entonces, ¿qué sentido tienen el Evangelio y la Iglesia?. En respuesta a esta pregunta, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó la declaración, en la que se reafirma el carácter único y universal de la salvación traída por Cristo.Como explicó entonces el Prefecto de la Congregación, Cardenal Ratzinger, el documento afrontaba un tema de gran importancia y que sin duda iba a doler en la sociedad actual (incluido el mundo de las religiones): El relativismo.
“En el animado debate contemporáneo sobre la relación del Cristianismo y las otras religiones, se difunde cada vez más la idea que todas las religiones son para sus seguidores vías igualmente validas de salvación. Se trata de una opinión sumamente difundida non solo en ambientes teológicos, sino también en sectores cada vez más amplios de la opinión pública católica y no católica, especialmente aquella más influenciada por el orientamiento cultural hoy prevalente en Occidente, que se puede definir, sin temor de equivocarnos, con la palabra: relativismo“.
Dicho relativismo, que según el Cardenal, tiene su expresión teológica en la llamada “teología del pluralismo religioso", muy en boga en las últimas décadas, se manifiesta en los siguientes puntos, que son los que ataca directamente la Declaración: la convicción de la inaprensibilidad y la inexpresabilidad completa de la verdad divina; la actitud relativista ante la verdad, por la cual aquello que es verdadero para algunos no lo sería para otros; la contraposición radical entre mentalidad lógica occidental y mentalidad simbólica oriental; el subjetivismo exasperado de quien considera la razón como única fuente de conocimiento; el vaciamiento metafísico del misterio de la Encarnación; el eclecticismo de quien en la reflexión teológica asume categorías derivadas de otros sistemas filosóficos y religiosos, sin reparar ni en su coherencia interna ni en su incompatibilidad con la fe cristiana; la tendencia, en fin, a interpretar textos de la Escritura fuera de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia.
Sin entrar en profundidades teológicas, que son propias de una clase de teología y no de un artículo como este, diré, citando a Fernando Ocariz, eximio consultor del Dicasterio vaticano, que es un documento que declara lo que la Iglesia había ya enseñado siempre. Basta notar que la Declaración está, en buena parte, construida con textos de la Sagrada Escritura y del Magisterio anterior, sobre todo del Vaticano II y de Juan Pablo II. Concretamente, esto es así en los tres puntos claves de la «Dominus Iesus». En primer lugar, en la afirmación de la unicidad y universalidad de la mediación salvífica de Jesucristo. Que Cristo es el único Salvador, y que lo es para todos los hombres, es una verdad que está en la base misma del cristianismo desde sus orígenes: en la predicación de Jesús y en la de los Apóstoles. Desde entonces, esta firme convicción se encuentra en toda la tradición patrística, en la fe del pueblo de Dios y en el magisterio de la Iglesia de todos los tiempos. Lo mismo se puede decir respecto a los otros dos grandes temas: que la Iglesia fundada por Cristo subsiste plenamente sólo en la Iglesia católica, mientras que más allá de sus confines visibles se pueden hallar algunos elementos de santificación y de verdad propios de la misma Iglesia; y, en fin, que la salvación de toda persona humana proviene de Cristo por el Espíritu Santo y a través de la Iglesia: una mediación salvífica de la Iglesia que, en el caso de los no cristianos, se realiza por vías que no conocemos. Todo esto se encuentra ya en el Vaticano II y, por lo que se refiere a los no cristianos, también y de modo muy claro y profundo en la encíclica Redemptoris missio.
Pues a pesar de que el texto no hace más que repetir el argumento por el que han dado la vida millones de cristianos desde los primeros años de nuestra era, suscitó una polvareda grandísima. Como muestra, y no de las más virulentas, recordar la otra “declaración” contestataria, mucho más modesta, firmada por los teólogos componentes de la asociación Juan XXIII, algunos de los cuales ni han llegado al X aniversario del documento vaticano, pues han pasado a mejor vida. La contradeclaración venía firmada por personalidades patrias como E. Aguiló (Sevilla); J. Bosch (Valencia); J.-Mª Castillo (Granada); J.-Mª Díez-Alegría (Madrid); C. Domínguez (Granada); J.-A. Estrada (Granada); J. Equiza (Navarra); C. Floristán (Madrid); B. Forcano (Madrid); M. García-Ruiz (Madrid); J. Gómez-Caffarena (Madrid); J.-I. González Faus (Barcelona); J.-Mª González Ruiz (Málaga); J. Lois (Madrid); J. Llopis (Bacelona); C. Martí (Barcelona); E. Miret (Madrid); A. Moliner (Barcelona); J. Peláez (Córdoba); J. Ruiz-Díaz (Madrid); F. Sanz (Avila); J.-J. Tamayo-Acosta (Madrid); A. Tamayo-Ayesterán; A. Torres Queiruga (Santiago de Compostela); R. Velasco (Madrid); J. Vico (Madrid); J. Vives (Barcelona).
Todo un plantel que además venía avalado, como ellos mismos afirmaban, por extranjeros como L. Boff (Brasil); J. Sobrino (El Salvador); Mª.-P. Aquino; S. Arce (Cuba); J.-Mª Vigil (Nicaragua); M. Villamán (R. Domincana); L. Gallo (Colombia); N. Lozano (Colombia); J. Torres (Argentina); Irma Hernández (Puerto Rico); E. de la Lerma (Argentina); V. García (Nicaragua); F. Albertini (Alemania); M. Soler Palá (Puerto Rico). Con estos padrinos y esos ahijados, se puede imaginar el tenor de la contradeclaración, que ya desde la segunda línea dejaba claro que “Por sus repercusiones negativas en el campo del ecumenismo y del diálogo interreligioso, y porque afecta directamente a la reflexión teológica de las Iglesias, los teólogos y teólogas abajo firmantes queremos expresar algunas observaciones críticas en estos momentos de desconcierto, tanto en ambientes católicos como entre quienes vienen trabajando por un diálogo constructivo en otras iglesias cristianas y en las grandes religiones universales”.
Las observaciones críticas eran variadas, destacaban en el pronunciamiento vaticano la inoportunidad y la insensibilidad, y sobre esta última se decía: “El texto de la Congregación vaticana muestra una clara insensibilidad ante algunos de los logros alcanzados a lo largo de varias décadas de actividad ecuménica, tanto en el terreno doctrinal -recuérdese la Declaración conjunta luterano-católica sobre la doctrina de la justificación de la fe- como en el pastoral. Conviene recordar que las iglesias no sólo hablan a través de la doctrina. Su mensaje llega también por medio de signos elocuentes y de gestos proféticos, como los siguientes: la entrega por el papa Pablo VI de su anillo pastoral al arzobispo de Canterbury; el abrazo del mismo papa al patriarca Atenágoras en Jerusalén; la plegaria convocada por el papa Juan Pablo II en Asís junto a los líderes religiosos del mundo; la visita del mismo papa, por primera vez, a la sinagoga de Roma y su proclamación solemne ante los rabinos allí congregados de que ‘los judíos son nuestros hermanos mayores’; la oración de Juan Pablo II en el muro de las Lamentaciones; la reciente petición de perdón por los pecados cometidos por la Iglesia católica; la apertura de la Puerta del Año Jubilar por el papa, acompañado del primado de la Comunión Anglicana y de un representante del Patriarcado de Constantinopla“.
Con grandísimo respeto a dichos teólogos, de canas venerables la mayoría, pero resulta extraño que en el dicasterio vaticano no pensaran en todos esos gestos “proféticos” antes de escribir el documento. ¿Y Juan Pablo II no pensó en ellos antes de firmar?. ¿O quizás si pensaron?. Puede ocurrir que precisamente pensando en todos esos gestos ecuménicos se haya escrito la Declaración vaticana, para apoyarlos y darles más significado, aunque a primera vista no lo parezca. Quizás, sin dicha Declaración esos gestos ecuménicos pudiesen quedarse en lo superficial o emotivo, incluso llevar a confusión, pues les faltaba el fondo, la profundidad que todo ecumenismo antes o después requiere, una vez que ya se han dado los abrazos.
Y esto lo digo porque precisamente en la conmemoración de los diez años del documento se ha destacado algo que es evidente: desde la Declaración el ecumenismo ha dado pasos de gigante. Con los ortodoxos, poco a poco, pero la cosa es evidente, y curiosamente los patriarcas ortodoxos manifiestan que les gusta la lucha de nuestra Iglesia contra el relativismo. Con los anglicanos, se está viendo que el verdadero ecumenismo no es condescender con sus excentricidades, sino facilitarles al máximo la vuelta a casa. Y ya hay grupos de Luteranos y Evangélicos que están hablando de pedir ellos a la Iglesia lo mismo que han obtenido los anglicanos pues les atrae la firmeza en la doctrina y en la moral… Vaya, que una vez más el que ha sido “profético” ha sido el documento vaticano, y la historia le está dando poco a poco la razón. Vamos, creo yo, pero puedo estar equivocado.
La Plata (Buenos Aires), 18 Oct. 10 (AICA).- El rector de la Universidad Católica de La Plata (UCALP), doctor Rafael Breide Obeid, fue invitado especialmente a México, para realizar actividades académicas y de intercambio con la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG).
El directivo argentino disertará en el Foro Internacional de Fe y Ciencia de la Universidad de Guadalajara con una ponencia que analiza como “la cristiandad ha sido sustituida por el Estado sin Dios y éste por el dios Estado, entidad abominable y perversa”.
Antes de salir hacia la ciudad mexicana, el rector de la UCALP explicó que en su exposición analizará “cómo se fue abandonando la falsa neutralidad del Estado de Hobbes y de Locke. La pretendida libertad religiosa ha terminado y pronto las conductas religiosamente motivadas en defensa de la vida y la familia serán reprimidas”.
Tras preguntarse “qué debe hacer el cristiano”, destacó que “la política metafísica es la que permite al cristiano sobrevivir y vencer bajo la tiranía del relativismo si se transforma en testigo”.
Además el viaje permitirá incrementar la relación existente entre la UCALP y la UAG, ya que han suscripto convenios de cooperación, de intercambio de alumnos, desarrollo de investigación científica y acciones conjuntas de colaboración académica, científica y cultural para “el enriquecimiento y dimensionamiento internacional de las funciones educativas que desempeñan ambas universidades en cumplimiento de su misión”.
Durante su estadía en México, el doctor Breide Obeid se reunirá con el doctor Isaías Rivera Rodríguez, director de la Escuela de Derecho del Campus Guadalajara -que también es profesor honorario de la UCALP- para coordinar la presentación de la Cátedra Itinerante de Derecho Agrario y Ambiental “Rodolfo Carrera” para el 2011.
El doctor Breide Obeid está acompañado por el doctor Javier Rodríguez Barnes, director de Editoriales de la UCALP, y el licenciado Fernando Brugaletta, jefe de la Secretaría Privada del Rectorado de la UCALP, ya que otros temas por abordar serán tanto el intercambio bibliográfico y editorial como la dimensión internacional de la UCALP mediante la Cooperación Internacional y el Intercambio Estudiantil. Al respecto cabe señalar que tres alumnos mexicanos cursarán en 2011 en la UCALP, asignaturas de Derecho y de Relaciones Internacionales.
También está previsto analizar y rubricar nuevos convenios tanto con la Universidad Autónoma de Guadalajara como con la Universidad Panamericana, ambas de Guadalajara.
GLASGOW (ZENIT.org).- Dada la importancia de recordar a los católicos su misión en el ámbito público, sobre todo cuando tantos en nuestra patria Argentina se empeñan obtusamente en decir lo contrario, ofrecemos a continuación la homilía pronunciada por el Papa Benedicto XVI durante la celebración de la Misa en el Bellahouston Park de Glasgow, el jueves 16 de septiembre de 2010, día en que se celebraba la memoria litúrgica de san Ninian de Galloway, obispo itinerante y evangelizador de los celtas, y apóstol de Escocia.
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Queridos hermanos y hermanas en Cristo
“Está cerca de vosotros el Reino de Dios” (Lc 10, 9). Con estas palabras del Evangelio que acabamos de escuchar, os saludo a todos con gran afecto en el Señor. En verdad, el Reino de Dios está ya entre nosotros. En esta celebración de la Eucaristía, en la que la Iglesia en Escocia se congrega en torno al altar en unión con el Sucesor de Pedro, reafirmemos nuestra fe en la Palabra de Cristo y nuestra esperanza en sus promesas, una esperanza que nunca defrauda. Saludo cordialmente al Cardenal O’Brien y a los Obispos escoceses. Agradezco particularmente al Arzobispo Conti sus amables palabras de bienvenida de vuestra parte y expreso mi profunda gratitud por el trabajo que el Gobierno británico y escocés y las autoridades municipales de Glasgow han llevado a cabo para que fuera posible este encuentro.
El Evangelio de hoy nos recuerda que Cristo continúa enviando a sus discípulos a todo el mundo para proclamar la venida de su Reino y llevar su paz al mundo, empezando casa por casa, familia por familia, ciudad por ciudad. Vengo a vosotros, hijos espirituales de San Andrés, como heraldo de la paz, y a confirmaros en la fe de Pedro (cf. Lc 22, 32). Me dirijo a vosotros con emoción, no muy lejos del lugar donde mi amado predecesor el Papa Juan Pablo II celebró la Misa con vosotros, hace casi treinta años, recibido por la multitud más numerosa que jamás se haya visto en la historia de Escocia.
Muchas cosas han ocurrido en Escocia y en la Iglesia en este país desde aquella histórica visita. Compruebo con gran satisfacción que la invitación que el Papa Juan Pablo II os hizo para caminar unidos con vuestros hermanos cristianos, ha producido mayor confianza y amistad con los miembros de la Iglesia de Escocia, la Iglesia Episcopal Escocesa y otros. Os animo a continuar rezando y trabajando con ellos en la construcción de un futuro más luminoso para Escocia, basado en nuestra común herencia cristiana. En la primera lectura de hoy, hemos escuchado el llamamiento de San Pablo a los romanos a que reconozcan que, como miembros del Cuerpo de Cristo, nos pertenecemos los unos a los otros (cf. Rm 12, 5) y debemos convivir respetándonos y amándonos mutuamente. En este espíritu, saludo a los representantes ecuménicos que nos honran con su presencia. Este año se conmemora el cuatrocientos cincuenta aniversario de la Asamblea de la Reforma, y también el centenario de la Conferencia Misionera Mundial en Edimburgo, que es considerada por muchos como el origen del movimiento ecuménico moderno. Demos gracias a Dios por la promesa que representa el entendimiento y la cooperación ecuménica para un testimonio común de la verdad salvadora de la Palabra de Dios, en medio de los rápidos cambios de la sociedad actual.
Entre los diferentes dones que San Pablo enumera para la edificación de la Iglesia está el de enseñar (cf. Rm 12, 7). La predicación del Evangelio siempre ha estado acompañada por el interés por la palabra: la palabra inspirada por Dios y la cultura en la que esta palabra echa raíces y florece. Aquí, en Escocia, pienso por ejemplo en las tres universidades fundadas por los papas durante la edad media, incluyendo la de San Andrés, a punto de celebrar el sexto centenario de su fundación. En los últimos treinta años, con la ayuda de las autoridades civiles, las escuelas católicas en Escocia han asumido el desafío de brindar una educación integral a un mayor número de estudiantes, y esto ha ayudado a los jóvenes no sólo en su camino de crecimiento espiritual y humano, sino también en su incorporación a la vida profesional y pública. Se trata de un signo de gran esperanza para la Iglesia, y animo a los profesionales católicos, a los políticos y profesores de Escocia a no perder nunca de vista que están llamados a poner sus talentos y su experiencia al servicio de la fe, trabajando por la cultura escocesa actual en todos sus ámbitos.
La evangelización de la cultura es de especial importancia en nuestro tiempo, cuando la “dictadura del relativismo” amenaza con oscurecer la verdad inmutable sobre la naturaleza del hombre, sobre su destino y su bien último. Hoy en día, algunos buscan excluir de la esfera pública las creencias religiosas, relegarlas a lo privado, objetando que son una amenaza para la igualdad y la libertad. Sin embargo, la religión es en realidad garantía de auténtica libertad y respeto, que nos mueve a ver a cada persona como un hermano o hermana. Por este motivo, os invito particularmente a vosotros, fieles laicos, en virtud de vuestra vocación y misión bautismal, a ser no sólo ejemplo de fe en público, sino también a plantear en el foro público los argumentos promovidos por la sabiduría y la visión de la fe. La sociedad actual necesita voces claras que propongan nuestro derecho a vivir, no en una selva de libertades autodestructivas y arbitrarias, sino en una sociedad que trabaje por el verdadero bienestar de sus ciudadanos y les ofrezca guía y protección en su debilidad y fragilidad. No tengáis miedo de ofrecer este servicio a vuestros hermanos y hermanas, y al futuro de vuestra amada nación.
San Ninian, cuya fiesta celebramos hoy, no tuvo miedo de elevar su voz en solitario. Siguiendo las huellas de los discípulos que nuestro Señor envió antes que él, Ninian fue uno de los primeros misioneros católicos en traer la buena noticia de Jesucristo a sus hermanos británicos. Su Iglesia de su misión en Galloway se convirtió en centro de la primera evangelización de este país. Este trabajo fue retomado más tarde por San Mungo, patrón de Glasgow, y por otros santos, entre los que debemos destacar San Columba y Santa Margarita. Inspirados en ellos, muchos hombres y mujeres han trabajado durante siglos para transmitiros la fe. ¡Esforzaos en ser dignos de esta gran tradición!. Que la exhortación de San Pablo, en la primera lectura, sea para vosotros una constante inspiración: “En la actividad no seáis descuidados, en el espíritu manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos a la oración” (Rm 12, 11-12).
Me gustaría ahora dirigirme especialmente a los Obispos de Escocia. Queridos hermanos, quiero animaros en vuestra dedicación pastoral a los católicos escoceses. Como sabéis, uno de vuestros primeros deberes pastorales está en relación a vuestros sacerdotes (cf. Presbyterorum Ordinis, 7) y su santificación. Igual que ellos son un alter Christus para la comunidad católica, vosotros lo sois para ellos. En vuestro ministerio fraterno con vuestros sacerdotes, vivid en plenitud la caridad que brota de Cristo, colaborando con todos ellos, en particular con quienes tienen escaso contacto con sus hermanos en el sacerdocio. Rezad con ellos por las vocaciones, para que el Señor de la mies envíe trabajadores a su mies (cf. Lc 10, 2). Ya que la Eucaristía hace la Iglesia, el sacerdocio es algo central para la vida de la Iglesia. Ocupaos personalmente de formar a vuestros sacerdotes como un cuerpo de hombres que alientan a otros a dedicarse totalmente al servicio de Dios Todopoderoso. Cuidad también de vuestros diáconos, cuyo ministerio de servicio está asociado de manera especial con el orden de los obispos. Sed padres y ejemplo de santidad para ellos, animándolos a crecer en conocimiento y sabiduría en el ejercicio de la misión de predicar a la que han sido llamados.
Queridos sacerdotes de Escocia, estáis llamados a la santidad y al servicio del pueblo de Dios conformando vuestras vidas con el misterio de la cruz del Señor. Predicad el evangelio con un corazón puro y con recta conciencia. Dedicaos sólo a Dios y seréis ejemplo luminoso de santidad, de vida sencilla y alegre para los jóvenes: ellos, por su parte, desearán seguramente unirse a vosotros en vuestro solícito servicio al pueblo de Dios. Que el ejemplo de San Juan Ogilvie, hombre abnegado, desinteresado y valiente, os inspire a todos. Igualmente, os animo a vosotros, monjes, monjas y religiosos de Escocia, a ser una luz puesta en lo alto de un monte, llevando una auténtica vida cristiana de oración y acción que sea testimonio luminoso del poder del Evangelio.
Finalmente, deseo dirigirme a vosotros, mis queridos jóvenes católicos de Escocia. Os apremio a llevar una vida digna de nuestro Señor (cf. Ef 4,1) y de vosotros mismos. Hay muchas tentaciones que debéis afrontar cada día -droga, dinero, sexo, pornografía, alcohol- y que el mundo os dice que os darán felicidad, cuando, en verdad, estas cosas son destructivas y crean división. Sólo una cosa permanece: el amor personal de Jesús por cada uno de vosotros. Buscadlo, conocedlo y amadlo, y él os liberará de la esclavitud de la existencia deslumbrante, pero superficial, que propone frecuentemente la sociedad actual. Dejad de lado todo lo que es indigno y descubrid vuestra propia dignidad como hijos de Dios. En el evangelio de hoy, Jesús nos pide que oremos por las vocaciones: elevo mi súplica para que muchos de vosotros conozcáis y améis a Jesús y, a través de este encuentro, os dediquéis por completo a Dios, especialmente aquellos de vosotros que habéis sido llamados al sacerdocio o a la vida religiosa. Éste es el desafío que el Señor os dirige hoy: la Iglesia ahora os pertenece a vosotros.
Queridos amigos, una vez más expreso mi alegría de poder celebrar la misa con vosotros. Y me siento feliz de poder aseguraros mis oraciones en la antigua lengua de vuestro país: Sìth agus beannachd Dhe dhuib uile; Dia bhi timcheall oirbh; agus gum beannaicheadh Dia Alba. La paz y la bendición de Dios sea con todos vosotros; que Dios os proteja; y que Dios bendiga el pueblo de Escocia.
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No deje de ver esta luminosa homilía de Benedicto XVI en video (2 partes).
Mons. Aguer criticó a quienes pretenden recluir la religiosidad a lo privado
La Plata (Buenos Aires), 5 Oct. 10 (AICA).- El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, criticó a quienes, como una jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, pretenden quitar los crucifijos de los despachos judiciales porque dice que el Estado argentino es “laico, no confesional, no religioso”, y consideró entonces que “en nombre de la laicidad del Estado, de su neutralidad religiosa, no habría que exhibir ningún signo del catolicismo".
En su reflexión semanal por televisión, el prelado explicó que "la cuestión es que la neutralidad religiosa del Estado no puede ser absoluta porque la absolutización de esa neutralidad conduce inevitablemente al ateísmo del Estado. Con lo cual la neutralidad dejaría de ser tal".
A modo de ejemplo "característico", citó el funcionamiento del "Estado soviético que mantuvo siempre en su Constitución escrita la afirmación de la libertad de culto pero fue un monstruo perseguidor de la Iglesia durante 70 años, y de toda religión".
Y se preguntó: "¿Y quién puede negar el hecho religioso en la cultura argentina, en la vida de la sociedad argentina?".
Tras destacar que las múltiples manifestaciones de fe en el país significan "que en el pueblo argentino existe una profunda religiosidad enraizada en la tradición católica", consideró que "la fe tiende a hacerse cultura e impregna de sentido religioso todo lo que el hombre hace".
También señaló que "no se puede pensar que en la Argentina, donde reina pacíficamente la libertad de cultos, alguien pueda sentirse traumatizado porque haya crucifijos en los despachos de los jueces. Ni los procesados, resulten inocentes o culpables, ni los mismos jueces. Unos y otros pueden reconocer en el signo de la cruz el misterio de una justicia superior".
Monseñor Aguer explicó que la Cruz "más allá del valor que tiene para los cristianos" es "un signo universal que exalta el amor entre los hombres y el triunfo del bien sobre el mal".
El arzobispo consideró que "lo que se busca al proponer la supresión del crucifijo de los lugares públicos es recluir la expresión religiosa al ámbito de lo privado y por lo tanto dejar el ámbito público huérfano de valores trascendentes, a merced del agnosticismo y del relativismo ético".
“No hay que olvidar que la iniciativa ha sido planteada esta vez por una persona que ha hecho pública manifestación de ateísmo. ¿Se pretende instaurar acaso el ateísmo del Estado?. Existen en nuestro país minorías autodenominadas ‘progresistas’ que van a contrapelo de la vida de la sociedad e ignoran o desprecian los sentimientos de la mayoría de nuestro pueblo. La expresión religiosa es para nuestro pueblo signo de un auténtico humanismo", insistió.
Una Iglesia "abierta" no puede ser relativista, aclara Obispo argentino
BUENOS AIRES, 01 Sep. 10 (ACI).- El Obispo de Posadas, Mons. Juan Rubén Martínez, afirmó que la Iglesia debe conservar su propia identidad al momento de acercarse a los no creyentes, pues ser una Iglesia abierta no quiere decir que se deba caer en el relativismo o los antivalores.
"Ser abiertos es amar, dialogar, escuchar, cambiar, aportar, aprender y recuperar, sin perder la propia identidad. Ser abiertos no es mezclar todo, como una especie de sincretismo o de mezcla del bien y del mal, de valores y antivalores", explicó.
El obispo argentino recordó que desde sus inicios la Iglesia ha tenido "una apertura misionera a los pueblos paganos y el mismo Apóstol San Pablo se llamaba a sí mismo 'Apóstol de los paganos' ". Por ello, pidió no confundirse "con algunos males de la época, que creen que ser abiertos es ser relativista".
Mons. Martínez recordó que la Iglesia está llamada a cuidar lo revelado por Cristo, así como el Magisterio, "que van acompañando con el Espíritu Santo la historia, para que ésta sea nuestra historia de Salvación".
"Los tesoros de la Iglesia son los pobres y excluidos que en nuestras opciones son la garantía de que estamos en la búsqueda de practicar el Evangelio. Alimentados en el banquete eucarístico, en la Misa, como nos señala el Evangelio, debemos salir al encuentro como discípulos y misioneros", añadió.
El Prelado llamó a salir al encuentro de las personas y las familias para transmitir el mensaje de Cristo, pues "no podemos quedarnos tranquilos en la espera pasiva en nuestros templos, sino que urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte".
El Pbro. Ignacio Andereggen, Dr. en Filosofía y Dr. en Teología, profesor de la Universidad Gregoriana de Roma y del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, y de la UCA de Buenos Aires, visita la ciudad de Mar del Plata donde brindará cuatro conferencias según el detalle a continuación.
Jueves 26 de Agosto
“¿Por qué hay que leer a Santo Tomás hoy?”
(19.30 hs en FASTA, Gascón 3145).
Viernes 27 de Agosto,
“Fenomenología, Hermenéutica y Relativismo”
(19.30 hs. en el Multiespacio Cultural El Camino, Av. Luro 4344 – 1º Piso).
Sábado 28 de Agosto
“El estructuralismo y Foucault”
(10 hs. en el Multiespacio El Camino, Av. Luro 4344 – 1º Piso).
“La mística en San Juan de la Cruz”
(18 hs. en el Multiespacio Cultural El Camino, Av. Luro 4344 – 1º Piso).
Todo finalizará con la celebración de la Santa Misa a partir de las 20 hs.
Todo está listo en el Cofton Park, en la periferia de Birmingham, para la beatificación del cardenal John Henry Newman. El 19 de septiembre, el Papa, rompiendo la regla instituida por él que quiere que las beatificaciones sean celebradas por un representante vaticano en la diócesis interesada, estará en el lugar donde el cardenal anglicano, luego convertido al catolicismo, fundó el Oratorio y concluyó su vida. Ratzinger está muy interesado en estar allí.
En el fondo, el motivo del viaje a Inglaterra y Escocia se encuentra aquí. Y luego, como dice don Ian Ker, profesor de teología en la Universidad de Oxford y autor de “John Henry Newman: a biography”, “han sido muchos los Papas que han deseado canonizar a Newman porque lo consideran una persona que ha dado la bienvenida a la modernización pero permaneciendo fiel a la autoridad de la iglesia”. Benedicto XVI ha dado una importante aceleración al proceso de beatificación. Ciertamente, el milagro atribuido a Newman, gracias al cual Jack Sullivan ha superado una grave enfermedad en la espina dorsal, ha abreviado los tiempos. Pero es indudable que la causa debe mucho al Papa, a su empuje para que la Fábrica de los Santos llegase lo más pronto a una conclusión.
¿Por qué este vínculo entre Ratzinger y Newman?. ¿Qué llevó a Ratzinger, ya en 1990, a definir a Newman “gran doctor de la Iglesia”?. Se pueden dar muchas respuestas. Una la da Roderick Strange, rector del Pontificio Colegio Beda de Roma, instituido para la formación de las vocaciones adultas de área inglesa, desde hace años estudioso de Newman. En su último trabajo salido recientemente en Italia, “John Henry Newman. Una biografía espiritual”, Strange habla de un momento preciso en el cual se hizo evidente la deuda de Ratzinger hacia Newman. Es el 18 de abril de 2005. Ratzinger, el día antes del cónclave que luego lo habría elegido, predica frente al colegio de los cardenales. Aquí capta la atención de todos utilizando la imagen de la Iglesia como una barca sacudida por las olas creadas por corrientes ideológicas, “del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc.”. Dice Strange: “En ese momento fue considerado extremadamente pesimista, en particular en la conclusión: «Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos». La expresión «dictadura del relativismo» puede parecer severa, sin embargo se vincula al «mundo sencillamente no religioso» de Newman. Y no necesariamente el vínculo es una coincidencia”.
El relativismo es para Benedicto XVI una amenaza. Porque cuando la verdad es abandonada, se abandona también la libertad. Y se encamina hacia el totalitarismo. Ratzinger habla de ello el 18 de abril de 2005. Pero ya años antes había expuesto el tema. ¿Cuándo?. En 1990, durante la conferencia para el centenario de la muerte de Newman.
Dice Strange: “En aquella ocasión, Ratzinger hizo referencia al vínculo entre verdad y conciencia personal. Habló de cuando, siendo joven seminarista, poco tiempo después del final de la segunda guerra mundial, fue introducido al pensamiento de Newman y prosiguió subrayando cuán importante fue para él su enseñanza sobre la conciencia. Newman enseñaba que la conciencia debía ser cuidada como «un modo de obediencia a la verdad objetiva». Y toda la vida de Newman testimonia tal convicción. Las primeras experiencias de vida del futuro Pontífice habían sido, sin embargo, muy diversas. «Habíamos experimentado – dijo Ratzinger – la pretensión de un partido totalitario que se consideraba la realización de la historia y que negaba la conciencia del individuo. Uno de sus líderes (Hermann Goering) había dicho: `No tengo conciencia. Mi conciencia es Adolf Hitler´». He aquí la caída en el totalitarismo. Cuando la verdad es descuidada, cuando no hay una norma objetiva a la que apelar, no creamos espacio para fácil tolerancia. La libertad es dejada sin defensa, a la merced de quien está al poder. El joven Ratzinger verificó lo que Newman había predicho: las consecuencias de que la religión revelada no sea reconocida como verdadera, objetiva, sino que sea considerada como algo privado, de lo que la gente puede elegir para sí cualquier cosa que quiera”.
Newman fue creado cardenal en 1879 por León XIII. También él estimaba a Newman; “mi cardenal” lo llamaba. El 14 de mayo, en la vigilia del consistorio, L’Osservatore Romano publicó en primera página el discurso pronunciado por Newman después de la entrega del título del nombramiento. Newman fue al corazón del problema que consideraba capital. Dijo: “El liberalismo religioso es la doctrina según la cual no existe ninguna verdad positiva en el campo religioso sino que cualquier credo es tan bueno como cualquier otro; y esta es la doctrina que, día a día, adquiere consistencia y vigor. Esta posición es incompatible con todo reconocimiento de una religión como verdadera”. Escribe Inos Biffi en L’osservatore del 20 de mayo de 2009: “Es difícil no reconocer la fatal actualidad de este liberalismo religioso, que preocupaba a Newman en 1879”. Y que preocupa hoy a Ratzinger.