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viernes, 25 de marzo de 2011

El Crucifijo en el centro del altar en la misa “hacia el pueblo” - P. Mauro Gagliardi

El Crucifijo en el centro del altar en la misa “hacia el pueblo”
P. Mauro Gagliardi *


ROMA, jueves 24 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- Desde tiempos remotos, la Iglesia estableció signos sensibles que ayudaran a los fieles a elevar el alma a Dios. El Concilio de Trento, refiriéndose en particular a la Santa Misa, motivó esta costumbre recordando que “Como la naturaleza humana es tal que sin los apoyos externos no puede fácilmente levantarse a la meditación de las cosas divinas, por eso la piadosa madre Iglesia instituyó determinados ritos [...] con el fin de encarecer la majestad de tan grande sacrificio [la Eucaristía] e introducir las mentes de los fieles, por estos signos visibles de religión y piedad, a la contemplación de las altísimas realidades que en este sacrificio están ocultas” (DS 1746).

Uno de los signos más antiguos consiste en volverse hacia oriente para rezar. Oriente es símbolo de Cristo, el Sol de justicia. “Erik Peterson ha demostrado la estrecha conexión entre la oración hacia oriente y la cruz, conexión evidente como muy tarde en el periodo constantiniano. [...] Entre los cristianos se difundió la costumbre de indicar la dirección de la oración con una cruz sobre la pared oriental en el ábside de las basílicas, pero también en las habitaciones privadas, por ejemplo, de monjes y eremitas” (U. M. Lang, Rivolti al Signore, Siena 2006, p. 32).

“Si se nos pregunta hacia dónde miraban el sacerdote y los fieles durante la oración, la respuesta debe ser: ¡a lo alto, hacia el ábside!. La comunidad orante durante la oración no miraba, de hecho, adelante al altar o a la cátedra, sino que elevaba a lo alto las manos y los ojos. Así el ábside llegó a ser el elemento más importante de la decoración de la iglesia, en el momento más íntimo y santo de la actuación litúrgica, la oración” (S. Heid, Gebetshaltung und Ostung in frühchristlicher Zeit, Rivista di Archeologia Cristiana 82 [2006], p. 369 [trad. mía]). Cuando, por tanto, se encuentra representado en el ábside Cristo entre los apóstoles y los mártires, no se trata sólo de una representación, sino más bien de una epifanía ante la comunidad orante. La comunidad entonces “elevaba las manos y los ojos 'al cielo'”, miraba concretamente a Cristo en el mosaico absidial y hablaba con él, le rezaba. Evidentemente, Cristo estaba así directamente presente en la imagen. Dado que el ábside era el punto de convergencia de la mirada orante, el arte proporcionaba lo que el orante necesitaba: el Cielo, desde el que el Hijo de Dios se mostraba a la comunidad como desde una tribuna” (ibid., p. 370).

martes, 22 de febrero de 2011

La Iglesia no es gobernada por decisiones de mayorías sino por la fe - Cardenal Joseph Ratzinger

La Iglesia no es gobernada por decisiones de mayorías sino por la fe
Cardenal Joseph Ratzinger


En la Fiesta de la Cátedra de San Pedro, presentamos un bellísimo texto del Cardenal Joseph Ratzinger en el cual, interpretando las esculturas del altar de la cátedra de la Basílica de San Pedro, el actual Papa meditaba sobre la Iglesia y el ministerio petrino.


Quien después de haber recorrido toda la grandiosa nave central de la basílica de San Pedro llega finalmente al altar que cierra el ábside, podría esperarse una representación triunfal de San Pedro, sobre cuya tumba ha sido construida esta iglesia.

Y, en cambio, no hay nada de eso: la figura del Apóstol no aparece entre las obras esculturales de este altar. En su lugar nos encontramos frente a un trono vacío, que parece casi mantenerse suspendido pero que, en realidad, está sostenido por las cuatro figuras de los grandes Padres de la Iglesia de Occidente y de Oriente. La luz tenue, que llega sobre el trono, proviene de la ventana de arriba, que está rodeada por ángeles suspendidos en el aire que, a su vez, conducen el flujo de la luz hacia abajo.

¿Qué significado puede tener este conjunto de esculturas?. ¿Qué nos dice?. Me parece que contiene una profunda interpretación de la esencia de la Iglesia y, con ella, una interpretación del magisterio petrino.

lunes, 7 de febrero de 2011

¿Optimistas o pesimistas? - Bruno Moreno Ramos

¿Optimistas o pesimistas?
Bruno Moreno Ramos


Un lector (Francisco Javier) dejó ayer un comentario en el blog que me hizo pensar bastante. Hablábamos en el último post sobre un político que afirmaba ser contrario al aborto pero, a la vez, como lo más natural del mundo, señalaba que ahora lo verdaderamente importante es la crisis económica. Es decir, lo mismo que habría podido decir casi cualquier político español. Ante esa barbaridad y otras semejantes, decía el lector:

“Yo últimamente soy profundamente pesimista. ¡Estamos acabados si Dios no lo remedia!. Entran ganas de que venga ya Jesús…”.

Lo primero que hice al leerlo fue reírme y pensar: “Eso no es ser pesimista, es ser cristiano”. El único remedio para nuestra vida y para el mundo está y ha estado siempre en Dios. Francisco Javier simplemente se está dando cuenta de que, sorprendentemente, es verdad el dogma cristiano de que el hombre no puede alcanzar la salvación por sus propias fuerzas, de que la gracia de Dios es absolutamente necesaria, del pecado original…

martes, 25 de enero de 2011

El Papa resalta importancia de diálogo ecuménico para lograr unidad de cristianos

El Papa resalta importancia de diálogo ecuménico para lograr unidad de cristianos


VATICANO, 24 Ene. 11 (ACI).- Al recibir esta mañana en el Palacio Apostólico Vaticano a una delegación de la Iglesia Evangélica Luterana de Alemania, el Papa Benedicto XVI resaltó la importancia del diálogo ecuménico en el camino hacia la unidad de todos los cristianos.

En su discurso en alemán a este grupo llegado para la clausura de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos este martes 25, el Santo Padre recordó que el diálogo entre católicos y luteranos lleva ya 50 años y pese a que aún existen diferencias teológicas en algunos ámbitos fundamentales, "se han dado grandes pasos hacia la unidad y se han sentado las bases de una espiritualidad y una comunión vivida en la fe".

El Papa observó después que en estos momentos algunos sienten que el objetivo común de la unidad plena y visible de los cristianos parece alejarse, y afirmó que en este sentido comparte "la preocupación de muchos cristianos porque los frutos del trabajo ecuménico no son lo suficientemente visibles".

lunes, 24 de enero de 2011

Solo la verdadera conversión a Cristo conduce a la unidad, dice el Papa

Solo la verdadera conversión a Cristo conduce a la unidad, dice el Papa


VATICANO, 23 Ene. 11 (ACI).- Ante un nutrido número de peregrinos reunidos este mediodía en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus dominical, el Papa Benedicto XVI recordó la urgencia de la conversión para vivir la unidad y aseguró que los fundamentos en los que el cristiano construye su vida deben ser la vida de fe de los Apóstoles, la comunión fraterna, la Eucaristía y la oración.

"Sabemos cuántas pruebas deben afrontar los hermanos y hermanas de Tierra Santa y del Medio Oriente. Su servicio es así aún más precioso pues es reforzado por un testimonio que en algunos casos llega al sacrificio de la vida", dijo el Papa y recordó que del 18 al 25 de enero se realiza la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

El Papa hizo también una lista de puntos cardinales sobre los cuales fundar la propia vida: "Para ser en el mundo signo e instrumento de íntima unión con Dios y de unidad entre los hombres, nosotros cristianos debemos fundar nuestra vida sobre estos cuatro pilares: la vida fundada en la fe de los Apóstoles transmitida en la viva Tradición de la Iglesia, la comunión fraterna, la Eucaristía y la oración".

martes, 26 de octubre de 2010

Historiador experto en Galileo y Concilio Vaticano II será creado Cardenal

Historiador experto en Galileo y Concilio Vaticano II será creado Cardenal


BERLÍN, 22 Oct. 10 (ACI).- El Papa Benedicto XVI decidió elevar a la dignidad de Cardenal a un sacerdote e historiador alemán especializado en Galileo Galilei y en el Concilio Vaticano II, el P. Walter Brandmüller.

El presbítero nació en Ansbach en la parte norte de Baviera el 5 de enero de 1929. Fue ordenado sacerdote el 26 de julio de 1953. Fue profesor de historia de la Iglesia en Dillingen y Augsburg.

En 1998 el Papa Juan Pablo II lo nombró Presidente del Pontificio Comité de Ciencias Históricas que juega un importante rol en el escenario científico y teológico, y que también colabora en los procesos de canonización.

Su principal investigación tiene que ver con los Concilios ecuménicos. Por ello publicó el Annuarium historiae conciliorum desde 1969, y una serie de libros sobre este mismo tema teológico.

Siempre defendió la idea fundamental de que el Concilio Vaticano II no está separado ni debe separarse de los 2000 mil años de la Tradición de la Iglesia y que debe ser comprendido en este marco, como lo ha señalado en diversas ocasiones el Papa Benedicto XVI.

En Alemania el P. Brandmüller también es conocido por su trabajo sobre Galileo. En su libro "Der Fall Galilei" (El caso Galileo) explica que la Iglesia no lo condenó por razones astronómicas sino filosóficas. Asimismo señala que Galileo dedujo a partir de sus investigaciones y las de Copérnico una visión heterodoxa y casi panteísta del mundo.

El anciano sacerdote de 81 años destaca en el grupo de 24 nuevos purpurados anunciados por el Papa Benedicto XVI el miércoles 20 de octubre tras la Audiencia General. El consistorio para la creación de los nuevos cardenales será el próximo 20 de noviembre.



viernes, 22 de octubre de 2010

Dominus Iesus: A los diez años de un documento polémico pero, una vez más, acertado - P. Alberto Royo Mejía

Dominus Iesus: A los diez años de un documento polémico pero, una vez más, acertado
Muy criticado al publicarse, el tiempo le está dando la razón
P. Alberto Royo Mejía


Se ha cumplido en este año el décimo aniversario de la Declaración “Dominus Iesus", elaborada por la Congregación vaticana para la doctrina de la Fe, publicada a principios de agosto del 2000 y que como ocurre con este tipo de documentos, no siendo documento papal tiene sin embargo su autoridad, ya que como bien se explica al final, “El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la Audiencia del día 16 de junio de 2000, concedida al infrascrito Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con ciencia cierta y con su autoridad apostólica, ha ratificado y confirmado esta Declaración decidida en la Sesión Plenaria, y ha ordenado su publicación“.

Sería una Declaración más de las muchas que publica este dicasterio, todas de gran importancia sin duda, pero que a veces quedan en el círculo de los expertos, que suelen ser teólogos, profesores y los mismos obispos. Pero resultó no ser una declaración más pues tuvo una resonancia mediática impresionante, y sobre ella hablaron no sólo periodistas sino intelectuales, líderes de otras confesiones y hasta algún político de los que les gusta enmendar la plana al Vaticano sin haberse leído los documentos.

El documento, como se recordará, respondía a una pregunta que se había formulado en el dicasterio vaticano: Si Cristo es un profeta más, y todas las religiones son iguales, entonces, ¿qué sentido tienen el Evangelio y la Iglesia?. En respuesta a esta pregunta, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó la declaración, en la que se reafirma el carácter único y universal de la salvación traída por Cristo. Como explicó entonces el Prefecto de la Congregación, Cardenal Ratzinger, el documento afrontaba un tema de gran importancia y que sin duda iba a doler en la sociedad actual (incluido el mundo de las religiones): El relativismo.

“En el animado debate contemporáneo sobre la relación del Cristianismo y las otras religiones, se difunde cada vez más la idea que todas las religiones son para sus seguidores vías igualmente validas de salvación. Se trata de una opinión sumamente difundida non solo en ambientes teológicos, sino también en sectores cada vez más amplios de la opinión pública católica y no católica, especialmente aquella más influenciada por el orientamiento cultural hoy prevalente en Occidente, que se puede definir, sin temor de equivocarnos, con la palabra: relativismo“.

Dicho relativismo, que según el Cardenal, tiene su expresión teológica en la llamada “teología del pluralismo religioso", muy en boga en las últimas décadas, se manifiesta en los siguientes puntos, que son los que ataca directamente la Declaración: la convicción de la inaprensibilidad y la inexpresabilidad completa de la verdad divina; la actitud relativista ante la verdad, por la cual aquello que es verdadero para algunos no lo sería para otros; la contraposición radical entre mentalidad lógica occidental y mentalidad simbólica oriental; el subjetivismo exasperado de quien considera la razón como única fuente de conocimiento; el vaciamiento metafísico del misterio de la Encarnación; el eclecticismo de quien en la reflexión teológica asume categorías derivadas de otros sistemas filosóficos y religiosos, sin reparar ni en su coherencia interna ni en su incompatibilidad con la fe cristiana; la tendencia, en fin, a interpretar textos de la Escritura fuera de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia.

Sin entrar en profundidades teológicas, que son propias de una clase de teología y no de un artículo como este, diré, citando a Fernando Ocariz, eximio consultor del Dicasterio vaticano, que es un documento que declara lo que la Iglesia había ya enseñado siempre. Basta notar que la Declaración está, en buena parte, construida con textos de la Sagrada Escritura y del Magisterio anterior, sobre todo del Vaticano II y de Juan Pablo II. Concretamente, esto es así en los tres puntos claves de la «Dominus Iesus». En primer lugar, en la afirmación de la unicidad y universalidad de la mediación salvífica de Jesucristo. Que Cristo es el único Salvador, y que lo es para todos los hombres, es una verdad que está en la base misma del cristianismo desde sus orígenes: en la predicación de Jesús y en la de los Apóstoles. Desde entonces, esta firme convicción se encuentra en toda la tradición patrística, en la fe del pueblo de Dios y en el magisterio de la Iglesia de todos los tiempos. Lo mismo se puede decir respecto a los otros dos grandes temas: que la Iglesia fundada por Cristo subsiste plenamente sólo en la Iglesia católica, mientras que más allá de sus confines visibles se pueden hallar algunos elementos de santificación y de verdad propios de la misma Iglesia; y, en fin, que la salvación de toda persona humana proviene de Cristo por el Espíritu Santo y a través de la Iglesia: una mediación salvífica de la Iglesia que, en el caso de los no cristianos, se realiza por vías que no conocemos. Todo esto se encuentra ya en el Vaticano II y, por lo que se refiere a los no cristianos, también y de modo muy claro y profundo en la encíclica Redemptoris missio.

Pues a pesar de que el texto no hace más que repetir el argumento por el que han dado la vida millones de cristianos desde los primeros años de nuestra era, suscitó una polvareda grandísima. Como muestra, y no de las más virulentas, recordar la otra “declaración” contestataria, mucho más modesta, firmada por los teólogos componentes de la asociación Juan XXIII, algunos de los cuales ni han llegado al X aniversario del documento vaticano, pues han pasado a mejor vida. La contradeclaración venía firmada por personalidades patrias como E. Aguiló (Sevilla); J. Bosch (Valencia); J.-Mª Castillo (Granada); J.-Mª Díez-Alegría (Madrid); C. Domínguez (Granada); J.-A. Estrada (Granada); J. Equiza (Navarra); C. Floristán (Madrid); B. Forcano (Madrid); M. García-Ruiz (Madrid); J. Gómez-Caffarena (Madrid); J.-I. González Faus (Barcelona); J.-Mª González Ruiz (Málaga); J. Lois (Madrid); J. Llopis (Bacelona); C. Martí (Barcelona); E. Miret (Madrid); A. Moliner (Barcelona); J. Peláez (Córdoba); J. Ruiz-Díaz (Madrid); F. Sanz (Avila); J.-J. Tamayo-Acosta (Madrid); A. Tamayo-Ayesterán; A. Torres Queiruga (Santiago de Compostela); R. Velasco (Madrid); J. Vico (Madrid); J. Vives (Barcelona).

Todo un plantel que además venía avalado, como ellos mismos afirmaban, por extranjeros como L. Boff (Brasil); J. Sobrino (El Salvador); Mª.-P. Aquino; S. Arce (Cuba); J.-Mª Vigil (Nicaragua); M. Villamán (R. Domincana); L. Gallo (Colombia); N. Lozano (Colombia); J. Torres (Argentina); Irma Hernández (Puerto Rico); E. de la Lerma (Argentina); V. García (Nicaragua); F. Albertini (Alemania); M. Soler Palá (Puerto Rico). Con estos padrinos y esos ahijados, se puede imaginar el tenor de la contradeclaración, que ya desde la segunda línea dejaba claro que “Por sus repercusiones negativas en el campo del ecumenismo y del diálogo interreligioso, y porque afecta directamente a la reflexión teológica de las Iglesias, los teólogos y teólogas abajo firmantes queremos expresar algunas observaciones críticas en estos momentos de desconcierto, tanto en ambientes católicos como entre quienes vienen trabajando por un diálogo constructivo en otras iglesias cristianas y en las grandes religiones universales”.

Las observaciones críticas eran variadas, destacaban en el pronunciamiento vaticano la inoportunidad y la insensibilidad, y sobre esta última se decía: “El texto de la Congregación vaticana muestra una clara insensibilidad ante algunos de los logros alcanzados a lo largo de varias décadas de actividad ecuménica, tanto en el terreno doctrinal -recuérdese la Declaración conjunta luterano-católica sobre la doctrina de la justificación de la fe- como en el pastoral. Conviene recordar que las iglesias no sólo hablan a través de la doctrina. Su mensaje llega también por medio de signos elocuentes y de gestos proféticos, como los siguientes: la entrega por el papa Pablo VI de su anillo pastoral al arzobispo de Canterbury; el abrazo del mismo papa al patriarca Atenágoras en Jerusalén; la plegaria convocada por el papa Juan Pablo II en Asís junto a los líderes religiosos del mundo; la visita del mismo papa, por primera vez, a la sinagoga de Roma y su proclamación solemne ante los rabinos allí congregados de que ‘los judíos son nuestros hermanos mayores’; la oración de Juan Pablo II en el muro de las Lamentaciones; la reciente petición de perdón por los pecados cometidos por la Iglesia católica; la apertura de la Puerta del Año Jubilar por el papa, acompañado del primado de la Comunión Anglicana y de un representante del Patriarcado de Constantinopla“.

Con grandísimo respeto a dichos teólogos, de canas venerables la mayoría, pero resulta extraño que en el dicasterio vaticano no pensaran en todos esos gestos “proféticos” antes de escribir el documento. ¿Y Juan Pablo II no pensó en ellos antes de firmar?. ¿O quizás si pensaron?. Puede ocurrir que precisamente pensando en todos esos gestos ecuménicos se haya escrito la Declaración vaticana, para apoyarlos y darles más significado, aunque a primera vista no lo parezca. Quizás, sin dicha Declaración esos gestos ecuménicos pudiesen quedarse en lo superficial o emotivo, incluso llevar a confusión, pues les faltaba el fondo, la profundidad que todo ecumenismo antes o después requiere, una vez que ya se han dado los abrazos.

Y esto lo digo porque precisamente en la conmemoración de los diez años del documento se ha destacado algo que es evidente: desde la Declaración el ecumenismo ha dado pasos de gigante. Con los ortodoxos, poco a poco, pero la cosa es evidente, y curiosamente los patriarcas ortodoxos manifiestan que les gusta la lucha de nuestra Iglesia contra el relativismo. Con los anglicanos, se está viendo que el verdadero ecumenismo no es condescender con sus excentricidades, sino facilitarles al máximo la vuelta a casa. Y ya hay grupos de Luteranos y Evangélicos que están hablando de pedir ellos a la Iglesia lo mismo que han obtenido los anglicanos pues les atrae la firmeza en la doctrina y en la moral… Vaya, que una vez más el que ha sido “profético” ha sido el documento vaticano, y la historia le está dando poco a poco la razón. Vamos, creo yo, pero puedo estar equivocado.





jueves, 19 de agosto de 2010

Juramento Antimodernista del Papa San Pío X

Juramento Antimodernista del Papa San Pío X


Incluido en su Motu Proprio “Sacrorum Antistitum” e impuesto a todo el clero en septiembre de 1910. En estos tormentosos días en que sopla también dentro de la Iglesia cualquier viento de doctrina, y próximos a celebrar la Fiesta de San Pío X, patrono de los catequistas, conviene tenerlo muy presente para no dejarse llevar por el engaño de la herejía modernista.


"Yo ....... abrazo y recibo firmemente todas y cada una de las verdades que la Iglesia por su magisterio, que no puede errar, ha definido, afirmado y declarado, principalmente los textos de doctrina que van directamente dirigidos contra los errores de estos tiempos”.

“En primer lugar, profeso que Dios, principio y fin de todas las cosas puede ser conocido y por tanto también demostrado de una manera cierta por la luz de la razón, por medio de las cosas que han sido hechas, es decir por las obras visibles de la creación, como la causa por su efecto”.

“En segundo lugar, admito y reconozco los argumentos externos de la revelación, es decir los hechos divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías, como signos muy ciertos del origen divino de la religión cristiana. Y estos mismos argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la inteligencia de todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el tiempo presente”.

“En tercer lugar, creo también con fe firme que la Iglesia, guardiana y maestra de la palabra revelada, ha sido instituida de una manera próxima y directa por Cristo en persona, verdadero e histórico, durante su vida entre nosotros, y creo que esta Iglesia esta edificada sobre Pedro, jefe de la jerarquía y sobre sus sucesores hasta el fin de los tiempos”.

“En cuarto lugar, recibo sinceramente la doctrina de la fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, siempre con el mismo sentido y la misma interpretación. Por esto rechazo absolutamente la suposición herética de la evolución de los dogmas, según la cual estos dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio”.

viernes, 28 de mayo de 2010

Testimonios de conversión de ministros protestantes [Incluye Video] - La Verdad Descubierta

Testimonios de conversión de ministros protestantes
[Incluye Video] 
La Verdad Descubierta


“La Verdad Descubierta” es un Documental que muestra la conversión de ministros protestantes a la Iglesia Católica. Ellos son Scott Hahn, Marcus Grodi, Jeff Cavins, Joetta y Larry Lewis. Cada uno tiene una inspiradora historia que contar de su camino a Roma y lo que tuvieron que superar para convertirse en católicos. Una gran película para los católicos, incitando a fortalecer su fe, y para los no católicos, incitando a considerar la posibilidad de adoptar el mismo viaje.

Como se narra en el mismo Documental, “esta es la historia de un viaje. En un aspecto, es un viaje de autodescubrimiento y fortaleza personal, sin embargo, en otro, es una conmovedora y profunda búsqueda de la verdad y revelación, impulsada por un anhelo y hambre espirituales que no cedían. Esta es una historia de cómo encontrar nuestro camino, sobre cómo redescubrir antiguos caminos que llevan tiempo abandonados y olvidados, sobre la búsqueda de respuestas a los misterios espirituales”.

“Esta historia es sobre dejar el hogar para encontrar el hogar, un viaje compartido por un pequeño grupo de admirables individuos y sus familias, Scott Hahn, Marcus Grodi, Jeff Cavins, Joetta y Larry Lewis. Estos hombres eran ministros protestantes ordenados, que eventualmente lo dejaron todo, sus carreras, hogares, y en algunos casos sus familias, en búsqueda de la verdad”.

viernes, 16 de octubre de 2009

Caminos laicales de perfección - 6. Oración, ayuno y limosna - P. José María Iraburu

Caminos laicales de perfección
P. José María Iraburu


6. Oración, ayuno y limosna


Materia de reglas y votos

El cristiano, personal o comunitariamente, puede comprometerse con Dios mediante reglas y votos en una gran variedad de materias. Ya lo vimos antes, al dar algunos ejemplos. En realidad, cualquier aspecto de la vida puede ser sujeto a regla o voto. Sin embargo, estas obligaciones no suelen establecerse en relación a aquellas obras -como el trabajo de cada día- que ya vienen urgidas por el mismo mundo. En orden a la perfección espiritual, esas obras habrán de ser bien hechas, pero no suele haber problema para que, bien o mal, sean hechas.

En cambio, será muchas veces conveniente ayudar con regla y voto aquellas obras que, siendo urgidas por Dios y no por el hombre, se quedan con frecuencia sin hacer. Sobre éstas, pues, suelen versar las reglas y los votos, tanto de religiosos como de seglares. Y como ya vimos, convendrá en concreto obligarse establemente a aquellas obras buenas que, siendo asequibles y muy convenientes a la persona, y habiendo signos de que Dios quiere concedérselas, no acaban de salir adelante con una constancia aceptable sin la ayuda de ley o voto.


Pobreza, obediencia y castidad

El campo normal de los votos en los religiosos son los tres consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia, éste último, el mayor y principal. Tanta fuerza tienen estos tres consejos en la tradición eclesial de los estados de perfección, que, de hecho, no pocas asociaciones de laicos han buscado también la perfección evangélica, y no pocas veces la han encontrado, estableciendo ciertos compromisos en estos mismos tres consejos de Cristo.

No hay, por supuesto, en esto nada que objetar; aunque no se nos escapa que esos tres consejos -que sin duda todo cristiano laico debe vivir en espíritu- ofrecen ciertas dificultades al configurarse en compromisos concretos para los laicos.

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