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martes, 30 de octubre de 2012

P. Alfredo Sáenz: "Nada es más pernicioso para un intelectual católico que el deseo de quedar bien con el mundo"

P. Alfredo Sáenz: "Nada es más pernicioso para un intelectual católico que el deseo de quedar bien con el mundo"


El P. Alfredo Sáenz, sj, recibió la semana pasada el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Católica de La Plata. El Consejo superior de la institución aseguró que el religioso es una relevante personalidad de la cultura católica, cuya obra intelectual y pastoral hacen plenamente merecida la concesión del doctorado, que aprobó Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata. El sacerdote jesuita pronunció una conferencia sobre "La misión del intelectual católico hoy".


29/10/12 (Luis F. Pérez/InfoCatólica).- El P. Alfredo Sáenz, S. J. (Buenos Aires, 1932), ingresó a los 17 años en la Compañía de Jesús, y obtuvo la licenciatura en Filosofía en el Colegio Máximo de San Miguel (Buenos Aires), y en la Universidad Pontificia de San Anselmo (Roma) recibió el doctorado en Teología, con especialización en Sagrada Escritura.

Son muy numerosos los libros y artículos que ha publicado. También se ha dedicado intensamente a la predicación de retiros y ejercicios espirituales. Actualmente es profesor de Dogma y de Patrística en la Facultad de Teología de San Miguel, en Buenos Aires.

Al recibir en la UCALP el doctorado honoris causa, el padre Alfredo Sáenz, pronunció una conferencia con el título La misión del intelectual católico hoy (que puede leer aquí: http://es.scribd.com/doc/111263910/P-Alfredo-Saenz-La-Mision-del-Intelectual-Catolico-Hoy). En ella aseguró que: "el intelectual católico deberá conocer lo mejor posible las distintas corrientes filosóficas que, partiendo de Descartes, han culminado en el marxismo y el Nuevo Orden Mundial globalista. Pero deberá conocer mucho mejor aún la filosofía perenne, que encuentra una magnífica concreción en el pensamiento de S. Tomás. Tal será su punto de referencia, que le permitirá pronunciar un juicio sobre toda filosofía que se aparte del recto camino hacia el ser".

"El filósofo cristiano", afirmó el nuevo doctor honoris causa, "no puede ser un mero espectador del devenir filosófico, ni un coqueteador de las filosofías en boga" y añadió que "su oficio no consistirá sólo en conocer diversas filosofías sino juzgarlas".

viernes, 10 de junio de 2011

Serán Mis Testigos - Mons. Antonio Marino

Serán Mis Testigos
Mons. Antonio Marino


Homilía de Monseñor Antonio Marino en el inicio del ministerio pastoral como obispo de Mar del Plata (Catedral diocesana, sábado 4 de junio de 2011 - Vísperas de la Ascensión del Señor)


Queridos hermanos:

En el día en que doy inicio al ministerio pastoral como obispo de esta diócesis de Mar del Plata, las palabras de Jesús, dichas a sus apóstoles antes de su ascensión al cielo, así como los acontecimientos que siguieron, adquieren en esta celebración eucarística singular actualidad y brindan un programa oportuno.

“Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos (…) hasta los confines de la tierra” (Hch 1, 8). Desde que la nube ocultara su humanidad resucitada, la Iglesia de Cristo vive abierta a la moción del Espíritu y bajo la guía del testimonio apostólico. Comienza su tiempo, en el cual prolongará la misión de su Fundador, alentada por la promesa que acabamos de escuchar: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

Jesús se hará presente entre los suyos a través de la acción invisible del Espíritu y mediante el testimonio visible de los apóstoles y de sus sucesores. Antes de manifestarse ante el mundo, ellos deben dar cumplimiento al deseo del Señor de esperar la efusión del Espíritu Santo, que ocurriría nueve días después.

Ellos cumplieron esto fielmente: “Los apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén (…). Todos ellos íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch 1, 12. 14).

Aquí tenemos, queridos hermanos, el modelo de la Iglesia para todos los tiempos: abierta a la fuerza que descendería sobre los apóstoles por la acción fecunda y misteriosa del Espíritu Santo, la misma fuerza que antes había descendido sobre María para engendrar a Cristo en su seno virginal. Así también queremos sentirnos nosotros hoy: abiertos y disponibles a la gracia del Espíritu de Dios, como los apóstoles unidos con María, madre de Jesús y de la Iglesia.

El Espíritu que procede del Padre y del Hijo, y que por ellos es enviado como regalo a la Iglesia, es la luz y la fuerza que hoy todos anhelamos e invocamos para convertirnos en discípulos y misioneros de Jesucristo. Sin él, el Evangelio que predicamos sería letra muerta, Jesús sólo una gran figura del pasado, la Iglesia una sociedad filantrópica, los trabajos apostólicos, aun los más admirables, serían puro esfuerzo humano y quedarían infecundos.

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