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martes, 12 de octubre de 2010

Benedicto XVI: “Católicos, salid al foro público”

Benedicto XVI: “Católicos, salid al foro público”
Homilía en Bellahouston Park


GLASGOW (ZENIT.org).- Dada la importancia de recordar a los católicos su misión en el ámbito público, sobre todo cuando tantos en nuestra patria Argentina se empeñan obtusamente en decir lo contrario, ofrecemos a continuación la homilía pronunciada por el Papa Benedicto XVI durante la celebración de la Misa en el Bellahouston Park de Glasgow, el jueves 16 de septiembre de 2010, día en que se celebraba la memoria litúrgica de san Ninian de Galloway, obispo itinerante y evangelizador de los celtas, y apóstol de Escocia.


* * * * *


Queridos hermanos y hermanas en Cristo

“Está cerca de vosotros el Reino de Dios” (Lc 10, 9). Con estas palabras del Evangelio que acabamos de escuchar, os saludo a todos con gran afecto en el Señor. En verdad, el Reino de Dios está ya entre nosotros. En esta celebración de la Eucaristía, en la que la Iglesia en Escocia se congrega en torno al altar en unión con el Sucesor de Pedro, reafirmemos nuestra fe en la Palabra de Cristo y nuestra esperanza en sus promesas, una esperanza que nunca defrauda. Saludo cordialmente al Cardenal O’Brien y a los Obispos escoceses. Agradezco particularmente al Arzobispo Conti sus amables palabras de bienvenida de vuestra parte y expreso mi profunda gratitud por el trabajo que el Gobierno británico y escocés y las autoridades municipales de Glasgow han llevado a cabo para que fuera posible este encuentro.

El Evangelio de hoy nos recuerda que Cristo continúa enviando a sus discípulos a todo el mundo para proclamar la venida de su Reino y llevar su paz al mundo, empezando casa por casa, familia por familia, ciudad por ciudad. Vengo a vosotros, hijos espirituales de San Andrés, como heraldo de la paz, y a confirmaros en la fe de Pedro (cf. Lc 22, 32). Me dirijo a vosotros con emoción, no muy lejos del lugar donde mi amado predecesor el Papa Juan Pablo II celebró la Misa con vosotros, hace casi treinta años, recibido por la multitud más numerosa que jamás se haya visto en la historia de Escocia.

Muchas cosas han ocurrido en Escocia y en la Iglesia en este país desde aquella histórica visita. Compruebo con gran satisfacción que la invitación que el Papa Juan Pablo II os hizo para caminar unidos con vuestros hermanos cristianos, ha producido mayor confianza y amistad con los miembros de la Iglesia de Escocia, la Iglesia Episcopal Escocesa y otros. Os animo a continuar rezando y trabajando con ellos en la construcción de un futuro más luminoso para Escocia, basado en nuestra común herencia cristiana. En la primera lectura de hoy, hemos escuchado el llamamiento de San Pablo a los romanos a que reconozcan que, como miembros del Cuerpo de Cristo, nos pertenecemos los unos a los otros (cf. Rm 12, 5) y debemos convivir respetándonos y amándonos mutuamente. En este espíritu, saludo a los representantes ecuménicos que nos honran con su presencia. Este año se conmemora el cuatrocientos cincuenta aniversario de la Asamblea de la Reforma, y también el centenario de la Conferencia Misionera Mundial en Edimburgo, que es considerada por muchos como el origen del movimiento ecuménico moderno. Demos gracias a Dios por la promesa que representa el entendimiento y la cooperación ecuménica para un testimonio común de la verdad salvadora de la Palabra de Dios, en medio de los rápidos cambios de la sociedad actual.

Entre los diferentes dones que San Pablo enumera para la edificación de la Iglesia está el de enseñar (cf. Rm 12, 7). La predicación del Evangelio siempre ha estado acompañada por el interés por la palabra: la palabra inspirada por Dios y la cultura en la que esta palabra echa raíces y florece. Aquí, en Escocia, pienso por ejemplo en las tres universidades fundadas por los papas durante la edad media, incluyendo la de San Andrés, a punto de celebrar el sexto centenario de su fundación. En los últimos treinta años, con la ayuda de las autoridades civiles, las escuelas católicas en Escocia han asumido el desafío de brindar una educación integral a un mayor número de estudiantes, y esto ha ayudado a los jóvenes no sólo en su camino de crecimiento espiritual y humano, sino también en su incorporación a la vida profesional y pública. Se trata de un signo de gran esperanza para la Iglesia, y animo a los profesionales católicos, a los políticos y profesores de Escocia a no perder nunca de vista que están llamados a poner sus talentos y su experiencia al servicio de la fe, trabajando por la cultura escocesa actual en todos sus ámbitos.

La evangelización de la cultura es de especial importancia en nuestro tiempo, cuando la “dictadura del relativismo” amenaza con oscurecer la verdad inmutable sobre la naturaleza del hombre, sobre su destino y su bien último. Hoy en día, algunos buscan excluir de la esfera pública las creencias religiosas, relegarlas a lo privado, objetando que son una amenaza para la igualdad y la libertad. Sin embargo, la religión es en realidad garantía de auténtica libertad y respeto, que nos mueve a ver a cada persona como un hermano o hermana. Por este motivo, os invito particularmente a vosotros, fieles laicos, en virtud de vuestra vocación y misión bautismal, a ser no sólo ejemplo de fe en público, sino también a plantear en el foro público los argumentos promovidos por la sabiduría y la visión de la fe. La sociedad actual necesita voces claras que propongan nuestro derecho a vivir, no en una selva de libertades autodestructivas y arbitrarias, sino en una sociedad que trabaje por el verdadero bienestar de sus ciudadanos y les ofrezca guía y protección en su debilidad y fragilidad. No tengáis miedo de ofrecer este servicio a vuestros hermanos y hermanas, y al futuro de vuestra amada nación.

San Ninian, cuya fiesta celebramos hoy, no tuvo miedo de elevar su voz en solitario. Siguiendo las huellas de los discípulos que nuestro Señor envió antes que él, Ninian fue uno de los primeros misioneros católicos en traer la buena noticia de Jesucristo a sus hermanos británicos. Su Iglesia de su misión en Galloway se convirtió en centro de la primera evangelización de este país. Este trabajo fue retomado más tarde por San Mungo, patrón de Glasgow, y por otros santos, entre los que debemos destacar San Columba y Santa Margarita. Inspirados en ellos, muchos hombres y mujeres han trabajado durante siglos para transmitiros la fe. ¡Esforzaos en ser dignos de esta gran tradición!. Que la exhortación de San Pablo, en la primera lectura, sea para vosotros una constante inspiración: “En la actividad no seáis descuidados, en el espíritu manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos a la oración” (Rm 12, 11-12).

Me gustaría ahora dirigirme especialmente a los Obispos de Escocia. Queridos hermanos, quiero animaros en vuestra dedicación pastoral a los católicos escoceses. Como sabéis, uno de vuestros primeros deberes pastorales está en relación a vuestros sacerdotes (cf. Presbyterorum Ordinis, 7) y su santificación. Igual que ellos son un alter Christus para la comunidad católica, vosotros lo sois para ellos. En vuestro ministerio fraterno con vuestros sacerdotes, vivid en plenitud la caridad que brota de Cristo, colaborando con todos ellos, en particular con quienes tienen escaso contacto con sus hermanos en el sacerdocio. Rezad con ellos por las vocaciones, para que el Señor de la mies envíe trabajadores a su mies (cf. Lc 10, 2). Ya que la Eucaristía hace la Iglesia, el sacerdocio es algo central para la vida de la Iglesia. Ocupaos personalmente de formar a vuestros sacerdotes como un cuerpo de hombres que alientan a otros a dedicarse totalmente al servicio de Dios Todopoderoso. Cuidad también de vuestros diáconos, cuyo ministerio de servicio está asociado de manera especial con el orden de los obispos. Sed padres y ejemplo de santidad para ellos, animándolos a crecer en conocimiento y sabiduría en el ejercicio de la misión de predicar a la que han sido llamados.

Queridos sacerdotes de Escocia, estáis llamados a la santidad y al servicio del pueblo de Dios conformando vuestras vidas con el misterio de la cruz del Señor. Predicad el evangelio con un corazón puro y con recta conciencia. Dedicaos sólo a Dios y seréis ejemplo luminoso de santidad, de vida sencilla y alegre para los jóvenes: ellos, por su parte, desearán seguramente unirse a vosotros en vuestro solícito servicio al pueblo de Dios. Que el ejemplo de San Juan Ogilvie, hombre abnegado, desinteresado y valiente, os inspire a todos. Igualmente, os animo a vosotros, monjes, monjas y religiosos de Escocia, a ser una luz puesta en lo alto de un monte, llevando una auténtica vida cristiana de oración y acción que sea testimonio luminoso del poder del Evangelio.

Finalmente, deseo dirigirme a vosotros, mis queridos jóvenes católicos de Escocia. Os apremio a llevar una vida digna de nuestro Señor (cf. Ef 4,1) y de vosotros mismos. Hay muchas tentaciones que debéis afrontar cada día -droga, dinero, sexo, pornografía, alcohol- y que el mundo os dice que os darán felicidad, cuando, en verdad, estas cosas son destructivas y crean división. Sólo una cosa permanece: el amor personal de Jesús por cada uno de vosotros. Buscadlo, conocedlo y amadlo, y él os liberará de la esclavitud de la existencia deslumbrante, pero superficial, que propone frecuentemente la sociedad actual. Dejad de lado todo lo que es indigno y descubrid vuestra propia dignidad como hijos de Dios. En el evangelio de hoy, Jesús nos pide que oremos por las vocaciones: elevo mi súplica para que muchos de vosotros conozcáis y améis a Jesús y, a través de este encuentro, os dediquéis por completo a Dios, especialmente aquellos de vosotros que habéis sido llamados al sacerdocio o a la vida religiosa. Éste es el desafío que el Señor os dirige hoy: la Iglesia ahora os pertenece a vosotros.

Queridos amigos, una vez más expreso mi alegría de poder celebrar la misa con vosotros. Y me siento feliz de poder aseguraros mis oraciones en la antigua lengua de vuestro país: Sìth agus beannachd Dhe dhuib uile; Dia bhi timcheall oirbh; agus gum beannaicheadh Dia Alba. La paz y la bendición de Dios sea con todos vosotros; que Dios os proteja; y que Dios bendiga el pueblo de Escocia.


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No deje de ver esta luminosa homilía de Benedicto XVI en video (2 partes).


Parte 1: Defender la fe en la esfera pública





Parte 2: Sacerdocio es central en la Iglesia 



 
 

domingo, 19 de septiembre de 2010

Cristianismo ofrece contribución vital al debate político, explica Benedicto XVI

Cristianismo ofrece contribución vital al debate político, explica Benedicto XVI


LONDRES, 17 Sep. 10 (ACI).- En su discurso a los exponentes de la sociedad civil, del mundo académico, cultural y empresarial, con el cuerpo diplomático y con líderes religiosos, el Papa Benedicto XVI explicó que la religión y el cristianismo no constituyen un problema que los legisladores deben solucionar sino "una contribución vital al debate nacional", al ejercicio de la política en el que los católicos también deben hacer oír su voz.

En sus palabras en el Westminster Hall, en donde fue condenado a muerte Santo Tomás Moro, y en presencia de figuras representativas del Reino Unido como los ex Primeros Ministros Tony Blair y Margaret Tatcher, el Santo Padre pasó revista a la tradición parlamentaria de esta nación que se ha configurado como "una democracia pluralista que valora enormemente la libertad de expresión, la libertad de afiliación política y el respeto por el papel de la ley, con un profundo sentido de los derechos y deberes individuales, y de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley".

"Si bien con otro lenguaje, la Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho en común con dicha perspectiva, en su preocupación primordial por la protección de la dignidad única de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y en su énfasis en los deberes de la autoridad civil para la promoción del bien común", añadió.

Benedicto XVI explicó luego que Santo Tomás Moro se hace actual con sus cuestionamientos sobre la ética en la vida social y civil: "si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente frágil. Aquí reside el verdadero desafío para la democracia", alertó.

Para el Papa, la reciente crisis financiera global muestra claramente "la inadecuación de soluciones pragmáticas y a corto plazo relativas a complejos problemas sociales y éticos. Es opinión ampliamente compartida que la falta de una base ética sólida en la actividad económica ha contribuido a agravar las dificultades que ahora están padeciendo millones de personas en todo el mundo. Ya que 'toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral', igualmente en el campo político, la dimensión ética de la política tiene consecuencias de tal alcance que ningún gobierno puede permitirse ignorar".

"Así que, el punto central de esta cuestión es el siguiente: ¿Dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas?. La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos".

"Este papel 'corrector' de la religión respecto a la razón no siempre ha sido bienvenido, en parte debido a expresiones deformadas de la religión, tales como el sectarismo y el fundamentalismo, que pueden ser percibidas como generadoras de serios problemas sociales. Y a su vez, dichas distorsiones de la religión surgen cuando se presta una atención insuficiente al papel purificador y vertebrador de la razón respecto a la religión".

El Papa subrayó que este es un proceso de doble sentido: "sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana".

"Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó la trata de esclavos en primer lugar y otros muchos males sociales, en particular la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX. Por eso deseo indicar que el mundo de la razón y el mundo de la fe –el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas– necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización".

"En otras palabras, la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional. Desde este punto de vista, no puedo menos que manifestar mi preocupación por la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia. Hay algunos que desean que la voz de la religión se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada".

Como ejemplo de esta postura, el Papa comentó que "hay quienes esgrimen que la celebración pública de fiestas como la Navidad deberían suprimirse según la discutible convicción de que ésta ofende a los miembros de otras religiones o de ninguna. Y hay otros que sostienen –paradójicamente con la intención de suprimir la discriminación– que a los cristianos que desempeñan un papel público se les debería pedir a veces que actuaran contra su conciencia".

"Éstos son signos preocupantes de un fracaso en el aprecio no sólo de los derechos de los creyentes a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, sino también del legítimo papel de la religión en la vida pública. Quisiera invitar a todos ustedes, por tanto, en sus respectivos campos de influencia, a buscar medios de promoción y fomento del diálogo entre fe y razón en todos los ámbitos de la vida nacional".

El Papa Benedicto XVI se refirió luego a la contribución del Reino Unido para el desarrollo de los más pobres, explicando que esta tarea debe hacerse promoviendo el desarrollo humano integral y que para ello cuenta con la colaboración de la Santa Sede, una relación que espera siga "dando frutos y que se refleje en una creciente aceptación de la necesidad de diálogo y de respeto en todos los niveles de la sociedad entre el mundo de la razón y el mundo de la fe".

Al hablar luego de la colaboración Iglesia-Estado que puede hacer mucho bien en Gran Bretaña, el Santo Padre resaltó finalmente que "para que dicha cooperación sea posible, las entidades religiosas –incluidas las instituciones vinculadas a la Iglesia Católica– necesitan tener libertad de actuación conforme a sus propios principios y convicciones específicas basadas en la fe y el magisterio oficial de la Iglesia. Así se garantizarán derechos fundamentales como la libertad religiosa, la libertad de conciencia y la libertad de asociación".


Para leer el discurso completo, ingrese a:



sábado, 18 de septiembre de 2010

¿De quién es el honor? - Bruno Moreno Ramos

¿De quién es el honor?
Bruno Moreno Ramos


Me ha hecho gracia leer que un grupo de ateos del Reino Unido ha firmado una carta pública diciendo que el Papa Benedicto XVI no se merece el honor de ser invitado al Reino Unido. En ella, recogen las típicas acusaciones contra la Iglesia, con la curiosa idea de que, si repiten mucho las cosas, terminarán por ser (o parecer) ciertas.

No puedo evitar preguntarme algo que los firmantes de la carta parecen dar por sentado. ¿Qué tiene el Reino Unido, para que sea tan gran honor ser invitado al mismo?. A este efecto, he traducido unos párrafos de un conocido bloguero anglicano, con el seudónimo de Archbishop Cranmer, sobre la situación actual del Reino Unido:

“El Papa Benedicto XVI viene al Reino Unido en un momento en que la conciencia cristiana está en estado de sitio, la iglesia nacional acobardada y nuestras libertades más socavadas de lo que han estado en siglos. Las enfermeras no se atreven a rezar ni a llevar un crucifijo; los profesores no osan mencionar a Jesús y el recepcionista del colegio no se atreve a pedir una oración. Si trabajas para British Airways, los turbantes, las pulseras Sikh y los pañuelos islámicos son aceptables, pero ni se te ocurra pensar en llevar una cruz. Los cristianos ya no pueden ser padres adoptivos, encargados de registros, propietarios de hoteles o pensiones. Los obispos no pueden defender la ortodoxia, los predicadores callejeros no pueden citar la Escritura y las agencias de adopción deben actuar contra su conciencia o cerrar.

Y ni se te ocurra decir «Jesús» en el trabajo.

El Nuevo Laborismo estaba tan pendiente de legislar para una mayor “igualdad” y tolerancia de todas las minorías intolerantes que eran incapaces de ver que, simultáneamente, estaban defendiendo por ley la intolerancia con la tolerante mayoría cristiana. El Reino Unido se ha convertido en una nación en la que el cristianismo es una «excentricidad» practicada por «raritos».

Cuando los cristianos se atreven a enfrentarse a una condena judicial, se les presenta como intolerantes. Cuando defienden una opinión con la que otros pueden estar en desacuerdo, son dogmáticos. Cuando no llegan a la perfección, se les coloca en la picota y se les describe como hipócritas. Cuando defienden al no nacido, no son progresistas. Cuando se oponen a los embriones mitad humanos y mitad animales, están contra la ciencia. Cuando expresan su preocupación por los niños sin padre, son homófobos. Cuando defienden públicamente a los pobres, son malos liberales. Cuando defienden la educación religiosa, son intolerantes. Cuando intentan defender el matrimonio, son carcas de «extrema derecha»”.

Quien dice estas cosas no es un partidario del Papa. Al contrario, es un anglicano a ultranza y defensor infatigable de su protesta contra Roma. El artículo sigue dejando muy claro las cosas que no le gustan de la Iglesia Católica. Sin embargo, estos párrafos (con multitud de enlaces a casos reales de todo lo que dicen) muestran claramente las políticas cada vez más hostiles al cristianismo que hay en Gran Bretaña (igual que en muchos otros países europeos, incluido el nuestro) [Nota: se refiere a España]. Y todos esos casos indican que, quizá, el ateísmo en el Reino Unido no tiene muchas razones para tomar ese aire de “inocencia ofendida” (por no hablar de los historiales de algunos de los que firman esa carta, pero ésa es otra cuestión).

El bloguero, a pesar de su desconfianza hacia Roma, dice también:

"Mientras que el Arzobispo de Canterbury es percibido como alguien distante y sus palabras resultan impenetrables en la niebla postmoderna, se puede esperar que un Papa que habla con claridad traiga consigo un mensaje comprensible, para acabar con las directivas igualitarias más absurdas y dejar a un lado el omnipresente dogma de lo políticamente correcto".

El Reino Unido, como el resto de Europa, se muere a chorros. Y necesita desesperadamente que alguien diga en voz alta la Verdad. Yo diría que si alguien tiene que sentirse honrado, ilusionado y esperanzado es en gran medida el Reino Unido, porque el Papa ha querido visitar ese país, para anunciar de nuevo el Evangelio donde casi se ha perdido y donde los hombres han preferido las tinieblas a la luz. Y, aunque el Papa, como todos los cristianos, empieza todos los días la Misa reconociendo “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa", lleva consigo las palabras del Hijo de Dios, que tiene al Cielo por trono y a la Tierra como estrado de sus pies. ¿De quién es el honor?.





viernes, 10 de septiembre de 2010

La tierra de san Ninián espera a Benedicto XVI

Cardenal O’Brien con el Papa Benedicto XVI

La tierra de san Ninián espera a Benedicto XVI


A pocos días de la histórica visita del Sucesor de Pedro a Inglaterra y Escocia, ofrecemos nuestra traducción de un artículo, publicado en L’Osservatore Romano, del Cardenal Keith O'Brien, arzobispo de San Andrés y Edimburgo y presidente de la Conferencia Episcopal de Escocia.


Benedicto XVI llegará a Edimburgo el 16 de septiembre para una visita de cuatro días en el Reino Unido. La capital de Escocia es también la sede del arzobispo de San Andrés y Edimburgo, que recibirá al Papa. Inmediatamente después de la llegada, el Pontífice será llevado al palacio real de Holyrood House, donde tendrá un histórico encuentro con Su Majestad la Reina Isabel, algunos miembros del Gobierno, parlamentarios y otras autoridades provenientes de Escocia, Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte.

Los católicos de Escocia están orgullosos de poder dar la bienvenida al Pontífice al comienzo de su visita, en el día de la fiesta de San Ninián de Galloway, apóstol de Escocia. La tradición narra cómo Ninián viajó desde Roma, donde había sido ordenado obispo, y llegó a Escocia más de mil quinientos años atrás, en el 397. Él fundó una pequeña comunidad cristiana en el extremo sur de Escocia, que denominó White House y hoy es conocida con el nombre de Withorn, según la corrupción dialectal. Hoy reivindica ser la primera ciudad escocesa y una de las primeras colonias del país.

Si bien la falta de tiempo, en un programa de visita muy apretado, no permitirá a Benedicto XVI visitar Whirthorn, san Ninián estará igualmente presente durante la jornada. Mientras el Papa se encuentre en el Holyrood Palace, se realizará un desfile en el centro de Edimburgo para recordar la fiesta del santo, con la participación de los niños provenientes de las escuelas de toda Escocia. Habrá un espectáculo teatral histórico al aire libre, que hará revivir importantes momentos del desarrollo del territorio hoy conocido con el nombre de Escocia; el patrimonio cultural escocés será celebrado con la tradicional música de las cornamusas.

Después de despedirse de la Reina Isabel, Benedicto XVI atravesará con el papamóvil el centro de Edimburgo, donde será celebrado por niños y por otras personas reunidas para asistir a un evento histórico. Después de la pausa de la tarde, Benedicto XVI se dirigirá a Glasgow. También aquí pasará de nuevo entre la multitud a bordo del papamóvil, dirigiéndose al Bellahouston Park, donde celebrará la Misa frente a más de cien mil personas, a las cuales se unirán otras millones en todo el mundo, que asistirán al evento a través de la televisión o por medio de Internet.

Los coros reunidos de varios centenares de cantantes, junto a los músicos de acompañamiento, contribuirán con la celebración de la Misa para la fiesta de san Ninián. Esperamos con ansia las palabras que el Papa nos dirigirá en su homilía.

En vista de su reciente decisión de instituir un Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, las palabras que él dirigirá al pueblo escocés asumirán un valor particular. Vivimos en una tierra donde más de mil quinientos atrás fueron sembradas las primeras semillas del Evangelio. Hicieron de ella una tierra de santos y de estudiosos, conocida por haber dado a luz a misioneros como Columba, a santos hombres y mujeres como Margarita, reina de Escocia, a estudiosos como Juan Duns Scoto, y por ser la sede de renombradas comunidades monásticas, como las Border Abbeys, y de famosos centros de instrucción desarrollados gracias a la fundación por parte de la Iglesia de grandes universidades en la época medieval.

Una gran ruptura con el pasado se verificó en el siglo XVI a causa de la reforma protestante, cuando casi toda la población de Escocia continental y de muchas de las islas abandonó gradualmente la fe católica de los propios antepasados para abrazar el presbiterianismo. La celebración de la Misa fue prohibida y los sacerdotes fueron perseguidos y expulsados. Un caso famoso fue el del sacerdote jesuita John Ogilvie, arrestado mientras celebraba para la minúscula comunidad católica de Glasgow. Fue encarcelado y ejecutado en 1615. Y en 1976 fue canonizado por Pablo VI.

Desde la muerte de John Ogilvie hasta la llegada de los inmigrantes católicos de Irlanda al comienzo del siglo XIX, prácticamente no quedaron católicos en las ciudades y en los pueblos principales de Escocia. Gradualmente, sin embargo, comenzó a establecerse una población católica. La mayor parte de estas personas era pobre e inculta. La necesidad de instrucción de los hijos de los inmigrantes católicos era muy sentida y a medida que la población católica crecía, aumentaba también el número de sacerdotes, religiosos y religiosas que llegaban para ocuparse de ellos. La educación católica era brindada junto a la impartida en las escuelas e inspirada en una ética presbiteriana. A pesar de la calidad de la instrucción recibida, para los jóvenes católicos era prácticamente imposible tener acceso a la educación universitaria y a las profesiones. Animada y sostenida por la perseverancia de sacerdotes, hermanos y, en medida muy significativa, congregaciones religiosas femeninas, la pequeña pero creciente comunidad continuó creyendo en el valor de la educación. De este modo, con clarividencia y muchos sacrificios, se realizó todo esfuerzo para hacer que los niños pudieran frecuentar la escuela católica. Un pequeño número de miembros ilustrados de la sociedad más amplia apoyó tales esfuerzos desde el comienzo, al punto que el sistema escolar católico pudo crecer y desarrollarse en forma paralela al brindado por el Gobierno, hasta que en 1918 el Estado accedió a asumir la responsabilidad financiera y administrativa de las escuelas católicas, permitiendo al mismo tiempo a la Iglesia mantener la responsabilidad directiva, asegurando de este modo, dentro del sector estatal, la gestión católica y la identidad de las escuelas católicas, que continúa hasta hoy.

La población católica de Escocia continuó creciendo durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. A los que habían llegado desde Irlanda, se sumaron otros provenientes de Italia y de Europa central y oriental. En el siglo XX los católicos dieron una contribución cada vez más grande a toda la sociedad escocesa, en los lugares de trabajo y en las profesiones. Continuaron los fuertes vínculos con las otras comunidades católicas, especialmente con Irlanda, donde todavía hoy tienen sus raíces muchos de los sacerdotes que sirven a la Iglesia en Escocia. Vínculos con los católicos escoceses pueden encontrarse en Canadá donde, en la diócesis de Antigonish (cuyo patrono es san Ninián), los descendientes católicos de los inmigrantes escoceses todavía hablan gaélico.

Otros vínculos pueden llevarnos a Australia y es con gran alegría y orgullo que los católicos escoceses, especialmente los de la diócesis de Argyll and The Isles, esperan con ansia la canonización, en octubre de este año, de la beata Mary MacKillop, cuyos padres emigraron desde Escocia a Australia en el siglo XIX.

En 1982 Juan Pablo II visitó Escocia y dejó un recuerdo duradero no sólo entre los católicos sino también en la más vasta comunidad cristiana y en la entera sociedad. Animó a la Iglesia católica de Escocia a tener un rol decisivo en la vida del país y especialmente a ir adelante en el diálogo ecuménico con los hermanos y hermanas cristianos.

En este 2010 esperamos con ansia la visita de Benedicto XVI mientras miramos hacia el futuro con confianza. En años recientes, la comunidad católica se ha hecho más rica, gracias a una nueva ola de inmigración desde Europa central y oriental, especialmente de Polonia y de la India meridional. La necesidad de un diálogo entre las religiones se ha vuelto mucho más apremiante de lo que era treinta años atrás. Confiamos en que la voz del Papa será escuchada por nuestros hermanos y hermanas en Cristo, por la gente de otras religiones y por todas las personas de buena voluntad.

Por nuestra parte, como católicos podemos estar seguros de que él nos confirmará en la fe y nos dará el ánimo y el apoyo que necesitamos para afrontar los desafíos del presente y seguir dando testimonio de Cristo, que es camino, verdad y vida.






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