jueves, 14 de octubre de 2010

Ocho argumentos para no legalizar las drogas - Víctor Ruiz

Ocho argumentos para no legalizar las drogas
Víctor Ruiz


La experiencia en Estados Unidos y España demuestra que la educación, la prevención y la lucha contra la producción y el uso de estupefacientes reducen las estadísticas de consumo


El pasado 30 de septiembre, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, manifestaba en unas declaraciones realizadas en la televisión Veo 7 su apuesta por legalizar la prostitución y las drogas a nivel mundial.

Hay que legalizar “las prostitutas y los prostitutos, que a veces se nos olvida que hay prostitutos […] Soy partidaria de legalizar la prostitución […] Si alguien quiere pagar por el sexo, no veo por qué lo debemos prohibir”, dijo en respuesta a las preguntas del director de El Mundo, Pedro J. Ramírez.

En este sentido, habría que recordarle a Aguirre que presentar la prostitución como una actividad que puede legalizarse es aceptar que puede haber una salida legal al tráfico de seres humanos.


¿Legalizar las drogas?

En esa misma entrevista, preguntada acerca del debate sobre si legalizar, o no, las drogas a nivel mundial, y sobre la propuesta favorable a la legalización que recientemente hizo el ex presidente del Gobierno español Felipe González, Aguirre respondía que esa propuesta debería ser estudiada porque “llevamos muchísimos años persiguiendo el tráfico de drogas”.

La presidenta de la Comunidad de Madrid se refirió a países como Afganistán y Colombia, que viven envueltos en “auténticas guerras civiles” como consecuencia de esta lacra mundial.

“Hay que plantearse muy en serio lo que ha propuesto Felipe González”, concluyó Esperanza Aguirre.

Sin embargo, la experiencia vivida en países como Estados Unidos y España por ejemplo, demuestra que la educación, la prevención y la lucha contra la producción y el uso de estupefacientes reducen las estadísticas de consumo.

Por otra parte, no deja de sorprender que Felipe González plantee ahora una legalización de las drogas que en ningún momento propuso cuando fue presidente del Gobierno.

En cualquier caso, ante el debate sobre si la mejor forma de combatir los estragos que causan las drogas, sobre todo entre los más jóvenes, es su legalización o la lucha contra ese fenómeno, hay suficientes razones de peso para recordar por qué están prohibidas y por qué deben seguir estándolo.


Ocho argumentos en contra

Tal como señala la subdirectora del diario El País, Berna González, en un artículo publicado en ese diario el pasado 1 de octubre, el argumento de que “ya que eliminar la drogodependencia es imposible, legalicémosla”, no es la mejor opción.

De su artículo ‘El error de legalizar la venta de drogas’, en el que recuerda que los capos de la droga mueven “un negocio ilegal de más de 250.000 millones de dólares al año y que abastece a 250 millones de usuarios en el mundo”, se pueden extraer ocho argumentos para no legalizar las drogas.


1. Es del todo impensable “una sociedad indiferente que admita la posibilidad de ver destruirse a una buena parte de sus miembros de forma legal”.


2. La regulación de las drogas a nivel mundial no podrá evitar “las fórmulas ilegales (mafias) que hagan llegar la droga a los menores, por ejemplo”.


3. Aunque se llegara a un consenso sobre ejercer un férreo control estatal sobre el tráfico de drogas, esto “no podrá ser afrontado por la mayoría de países, con gobiernos débiles y escasos recursos para imponerlo”.


4. El Informe Mundial de 2010 de la Oficina contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas muestra “buenas noticias en la lucha contra la producción y el consumo de sustancias”. Y es que “la superficie total del cultivo de cocaína ha caído un 13% desde 2007”. Esto se debe en gran parte a la “eliminación del 58% de los cultivos de Colombia”.

Así, Estados Unidos “ha reducido el consumo al ritmo en que se destruían plantaciones en Colombia”. Hay que recordar que EE. UU. es el mayor comprador de cocaína a este país. De 10,5 millones de consumidores que tuvo en los ochenta ha pasado a 5,3 millones en 2008.

Por el contrario, Europa, que se abastece de cocaína en Perú y Bolivia, duplicó sus consumidores de 2 a 4,1 millones en diez años.


5. El Plan Nacional de Drogas en España pasó del Ministerio de Interior al de Sanidad en 2004. Desde entonces, ese paso de compartir un control policial con un enfoque sanitario y de prevención ha bajado las cifras de consumo en España.

“El consumo de cannabis cayó del 11,2 al 9,2 de cada 100 adultos que lo han consumido en el último año. Del 36,6% al 29,8% en menores”, cita Berna González en su artículo.

Es decir, “la combinación de la represión […] y la prevención del consumo, la educación para aumentar la percepción del riesgo entre la población, dan frutos innegables”, añade.


6. En ese sentido, “ningún Gobierno puede claudicar anta una lacra que contribuye con fiereza al fracaso escolar, que perjudica la salud y que sume a una buena proporción de la población en la apatía social”.


7. Las drogas, pues, “no son sujetos de derecho, merecedores de un tratamiento de igualdad que cimiente su lucha por una legalidad universal”. Al mismo tiempo, “tampoco drogarse parece que sea un derecho reconocido en Cartas ni Constituciones”.


8. Por último, la subdirectora de El País concluye señalando que “si hay una colisión entre dos utopías”, es decir entre los partidarios de legalizar las drogas y los de prohibirlas para acabar con el problema, “la obligación de los Gobiernos debe ser navegar en el rumbo hacia la que garantice mejor la salud e integridad de su población”.



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